Vosotros sois la Sal de la Tierra

 

 

Mateo 5: 13

“Vosotros sois la sal de la tierra: y si la sal se desvaneciere ¿con qué será salada? no vale más para nada, sino para ser echada fuera y hollada de los hombres”

 

 

 

Introducción:

 

   En mateo capitulo 5 encontramos el famoso, formidable y magnifico sermón del monte, donde Jesús hace énfasis en la parte moral de las personas. Jesús dice, dirigiéndose a los cristianos,  que somos sal de la tierra, pero……… ¿Lo somos realmente? Podemos preguntarnos ¿Por qué ese empeño de Jesús en decir que somos la sal de la tierra? Sencillamente y en forma solemne el Señor da a conocer a los suyos la trascendental participación de la Iglesia visible en el desarrollo histórico del hombre; y no es una participación circunstancial, sino contingente, concreta, decisiva, indispensable e irreemplazable. Vosotros sois la sal de la tierra.

 

   Vosotros sois, aquí y ahora, no seréis en el futuro, vosotros sois la sal de la tierra, ¡que tremendo cargo!, que enorme responsabilidad para cada hijo de Dios.    

 

Mateo 5:13  “Vosotros sois la sal de la tierra: y si la sal se desvaneciere ¿con qué será salada? no vale más para nada, sino para ser echada fuera y hollada de los hombres”. (Mostrar salero)

 

Antiguamente la sal era usada para varias cosas:

 

1.- Se usaba como elemento preservante

 

a)      Jesús empezó su ministerio en Capernaum, ciudad marítima que estaba muy identificada con la sal, pues sus pescadores la usaban para mantener fresco y fuera de descomposición los pescados. E incluso en estos tiempos hay pescadores que ponen sal a las carnadas que les sobran para evitar su descomposición.

b)      ¿cómo estamos nosotros? Evitamos por medio de nuestra sal la descomposición del mundo, específicamente de nuestro entorno, ¿Influimos, o no estamos influyendo; o peor, influimos para mal?

 

   Jesús nos llama a ser sal, a ser personas  que podamos influir para bien en las otras personas, en la sociedad. Debemos ser preservantes evitando la corrupción del mundo, para eso demos influir con nuestras conversaciones, con nuestra cordura, con nuestra humildad, con nuestra disposición a ayudar y ser de bendición para otros.

 

   La sal, que da sabor agradable a los alimentos, es el símbolo de los hijos de Dios, cuya vida y testimonio deben ser llenos de sabor y atractivo. Todas las ofrendas de Levítico, imágenes de la ofrenda de Cristo, debían ser presentadas con sal, que era señal del pacto con Dios (Lev. 2:13). El perfume sagrado que era quemado sobre el altar de oro debía ser salado (Ex. 30:35). El Señor Jesús dijo a los creyentes que ellos, a su vez, eran la sal de la tierra; deben tener sal en sí mismos (Mar. 9:50); su palabra debe estar siempre sazonada con sal (Col. 4:6). En efecto, no hay nada más grave, insípido, incluso mortífero, que los cristianos sin influencia, las vidas sin relieve, las palabras vacías de sentido: son cosas totalmente inútiles. Se han hecho otras aplicaciones a este símbolo: así como la sal detiene la corrupción, los creyentes son un freno a la corrupción del mundo; si la sal provoca la sed, los cristianos auténticos deberíamos provocar sed de Dios en los que tenemos a nuestro alrededor.

 

 

2.- La sal pone sabor, es decir sazona.

 

  ¿Sugiere el Señor un mundo desabrido? ¿Sugiere el Señor que la vida del hombre sin Dios, es una vida sin sazón, una vida triste, sin esperanza, sin horizontes definidos? ¡Si! Lo que sugiere el Señor es que la vida sin Dios es un camino equivocado, extraviado. El Señor sabía que este mundo se desazonaría hasta los extremos que hoy podemos contemplar. Es así, como una gran obra de teatro podemos ver al ser humano que toda su historia es anormalidad y confusión: Guerras, terrorismo, delincuencia, crímenes, inmoralidad, soberbia, orgullo, vanidad, revanchismo, rencores, chismes y calumnias, etc. Todo está maleado a nuestro alrededor a tal punto que a nosotros mismo nos cuesta sustraernos de todo esto.  Pero lo mas importante es: ¿Cómo responde la Iglesia hoy a las palabras del Señor Jesucristo: Vosotros sois la sal de la tierra?

 

3.- Sal desvanecida.

 

  Lo que el Señor agregó a las palabras “Vosotros sois la sal de la tierra”, son conmovedoras, profundas y nos deberían hacer temblar; “y si la sal se desvaneciere ¿con qué será salada?”

 

  Es importante considerar que a pesar de todas las cualidades que tiene la sal, esta puede sufrir descomposición, ¿Por qué’ Debido a su poco uso, se pone dura y se oxida, cuando esto pasa no sirve para nada y hay que botarla, desecharla. Si la sal pierde su prioridad básica, su esencia misma como es la de sazonar y preservar, no hay forma de restaurarla a su condición original y natural.

 

  Esta es una magistral representación de la misión de la Iglesia en este mundo, una iglesia única, espiritual, santificada; una iglesia visionaria, que camina los caminos de Dios, que piensa los pensamientos de Dios y siente el sentir de Dios.  

 

  Hermanos Dios quiere, Dios busca, Dios forma y construye una iglesia que es morada de Dios en espíritu, una iglesia que adora en espíritu y en verdad, una iglesia que canta y alaba, predica y proclama. Una iglesia que es columna y apoyo de la verdad, una iglesia que tiene puesta su vista realmente en el cielo de Dios y su esperanza en Jesucristo. ¿Pero cuál es la realidad de la Iglesia hoy día? ..........  ¡una iglesia que se preocupa de que hacen o dejan de hacer los hermanos! (ejemplos: viaje a USA, lo que se compró, lo que no se compró). La iglesia que conversa, razona y actúa como el mundo, es una iglesia que está o ha perdido como la sal su sabor, su esencia y contenido, ha perdido su visión y extraviado su misión. Esa iglesia “no vale mas para nada, sino para ser echada fuera y hollada de los hombres”, eso dijo el Señor Jesús de la sal desvanecida, y esta representa a la iglesia.

 

  Aquí es bueno recordar que la iglesia no es ni el templo ni la organización, sino que aquel organismo vivo, de origen divino. A esa iglesia virgen, pura, sin mancha ni arruga de la cual por la gracia de Dios usted y yo formamos parte; a esa iglesia se dirige el Señor en su solemne mensaje  “Vosotros sois la sal de la tierra: y si la sal se desvaneciere ¿con qué será salada? no vale más para nada, sino para ser echada fuera y hollada de los hombres”.  

 

  El Señor se está dirigiendo a cada uno de nosotros, y nos dice: Si tú desprecias o no valoras tu condición de hijo de Dios, si tú caes de la gracia de Dios, si tú dejas de ser libre y espiritual para sumergirte en la carnalidad, el vicio y la esclavitud del pecado. Si tú desprecias las perlas y prefieres las baratijas de vulgares piedras rusticas, si tú haces lo del perro, que se vuelve a su vomito, si tú te vuelves al cieno como la puerca lavada, ¿Qué será de ti? ¿Qué será de nosotros? ¡Dios nos ampare!

 

 

Conclusión:

 

   La Biblia está llena de parábolas, ilustraciones, ejemplos y enseñanzas que nos exhortan y advierten, a nosotros la Iglesia del Dios vivo. Tan triste, desolada y trágica es la vida del hombre lejos de Dios o en rebeldía contra Dios; que el Señor Jesús lloró sobre Jerusalén, al contemplar a los hombres con su corazón endurecido.

 

  ¡Hermanos! ¿Cuál es nuestra situación frente a Dios? ¿Estamos siendo verdaderamente sal de la tierra? O ¿Estamos desvanecidos o en proceso de pérdida de las propiedades espirituales y morales y consustanciales a nuestra condición de hijos de Dios? Hermanos, cualquiera sea nuestra condición, que ciertamente el Señor conoce, volvamos la vista al Señor y digamos como Pedro: “Señor, tú sabes todas las cosas, tú sabes que te amo”; digámosle: “Señor, yo quiero ser verdaderamente sal de la tierra”.

 

 

 

 

 

Amén

 

 

  Index/Homilías 2007