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Capítulo 1: Un anticipo de quien es Jesús
“En el principio era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. 2 Este era en el principio con Dios. 3 Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho” Juan 1: 1 al 3 (1 Corintios 8:6; Colosenses 1: 16 y 17; Hebreos 1:2).
Cuando hablamos del Señor Jesucristo, generalmente nos referimos a los que Él hizo en la tierra; rápidamente nos dirigimos a los evangelios para conocer asuntos de su vida, como su nacimiento, su niñez, su bautismo, sus milagros, sus palabras, sus parábolas, enseñanzas, su sufrimiento, su agonía, su castigo, su muerte, su resurrección y su ascensión. Sin embargo hablar del Señor Jesucristo es mucho mas profundo, mucho mas intenso. No podemos limitar nuestro estudio a la “vida terrenal” del Hijo de Dios, no podemos limitarnos al Nuevo Testamento, ya que el Salvador de la humanidad es eterno, tal como lo describe el apóstol Juan: Cristo, el Verbo, es el principio, siempre ha sido, es y será Dios y todo cuanto existe ha sido creado por él y para él. Por lo tanto su historia es eterna. Si bien el Nuevo Testamento describe la vida de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, en el Antiguo Testamento encontramos valiosa información sobre el Hijos del Hombre. Existen numerosos pasajes proféticos que describen cada detalle de la vida terrenal de nuestro Señor Jesús y también existen apariciones de Jesucristo a hombres del Antiguo Pacto. I. Jesucristo en el Antiguo Testamento Muy al comienzo del AT se declara que la nación Hebrea fue fundada con el propósito de bendecir a todas las naciones. Luego comienza a surgir la figura de una persona por cuyo medio la humanidad cumplirá su destino. Comienza a surgir la figura de Jesús. Primeramente se le llama “Siloh” y que se levantará en la tribu de Judá y regirá las naciones. Luego se le llama “Estrella” que tendrá dominio. Después es llamado “un profeta” como Moisés, por cuyo medio Dios hablará a los hombres. Y después una y otra vez se habla de él como “Rey” que se levantará en al familia de David y será llamado el “Renuevo” el “Príncipe”, el “Mesías” o “Ungido”, el “Unigénito de Dios”, “Admirable”, “Dios Fuerte”, “Padre Eterno”, “Príncipe de Paz”, “Varón de Dolores”, “Ángel de Jehová”, el “Buen Pastor”, “El Cristo”. Su historia es impresionante, su amor es inigualable, su poder es infinito, su autoridad es irrefutable, su gracia es maravillosa. Podemos verlo en el AT, una y otra vez acudiendo ante la necesidad de su pueblo, de sus amados. Sus apariciones son magistrales y hermosas. A. Sus Apariciones El Señor Jesús, el Cristo, el Hijo de Dios, realiza apariciones antes de los días de su carne, las cuales aparecen descritas en el AT. Principalmente aparece como el “Ángel de Jehová”. Numerosos pasajes nos conducen a creer que él es una visión manifiesta de neutro Señor Jesucristo. 1. Es mencionado como enviado por Dios y que habla por Dios (Éxodo 3: 1-15). El Ángel de Jehová se aparece a Moisés en Horeb, en una zarza ardiendo. El mismo Cristo se declara Jehová, el Dios de Abraham, Dios de Isaac y Dios de Jacob. 2. Es un personaje divino. Éxodo 3:6 “Y dijo: Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios”. 3. A él se le ve caminando, comiendo y hablando. Génesis 18 4. Él asume una forma visible en la nube y en la columna de fuego. Jueces 13:20 “Porque aconteció que cuando la llama subía del altar hacia el cielo, el ángel de Jehová subió en la llama del altar ante los ojos de Manoa y de su mujer, los cuales se postraron en tierra”. 5. Él es llamado el “Ángel de su faz”. Isaías 63:9 “En toda angustia de ellos él fue angustiado, y el ángel de su faz los salvó; en su amor y en su clemencia los redimió, y los trajo, y los levantó todos los días de la antigüedad”. 6. Él aparece como la Gloria de Jehová. Éxodo 16:10 “Y hablando Aarón a toda la congregación de los hijos de Israel, miraron hacia el desierto, y he aquí la gloria de Jehová apareció en la nube”. 7. Él se identifica a si mismo como Jehová; él es perfectamente igual a Dios, él es esencialmente con Dios. Éxodo 3:4 “Viendo Jehová que él iba a ver, lo llamó Dios de en medio de la zarza, y dijo: ¡Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí”. Cristo se aparece como Ángel de Jehová a: * Abraham Génesis 18: 1-33 * Agar Génesis 16: 7-14 * Jacob Génesis 32: 24-30 * Moisés Éxodo 3: 1-15, y siguientes * Israelitas Éxodo 13: 20 – 14:19 * Moisés, Aarón, Nadab, Abiu y los setenta ancianos. Éxodo 24: 9-18; Juan 1: 17,18 * Gedeón Jueces 6: 11-24 * Manoa y su mujer Jueces 13 * Sadrach, Mesach y Abed-Nego los tres hebreos. Daniel 3 Cristo aparece como Príncipe del ejercito de Jehová a Josué (Josué 5: 13-15 Antes de la toma de Jericó). Si bien las manifestaciones de Cristo en el AT no son tan abundantes como en el Nvo. Testamento, sin duda, algunas son impresionantes. Esto confirma la naturaleza divina del Señor Jesucristo, solo Dios tiene el poder para manifestarse visiblemente a través de la historia y de distintas formas, y ese poder se manifiesta en Jesucristo, Dios-hombre. B. Profecías Mesiánicas de Cristo El AT se enfoca en dos grandes temas: “La historia de Israel” y “La promesa del Salvador que estaba por venir”, este último es el corazón de la Biblia. A lo largo del NT, el Salvador y el sacrificio son prometidos. En Génesis Él es la simiente de la mujer que destruirá a Satanás. En Zacarías, Él es el traspasado a quien Israel se vuelve y por quien Dios abre la fuente de perdón a todos los que se arrepienten de su pecado. Él es quien es simbolizado en el sistema de sacrificio de la ley mosaica. Es el substituto que sufre y de quien los profetas hablan. A lo largo del AT, Él es el Mesías quien moriría por las transgresiones de su pueblo. Desde el principio hasta el fin, en el AT se presenta el tema del Señor Salvador como un sacrificio por el pecado. Es únicamente por su sacrificio perfecto por el pecado que Dios en su gracia perdona a los creyentes arrepentidos. 1. La simiente de la mujer (Génesis 3:15 “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar”) La promesa de la salvación fue dada antes de que ocurriera la primera muerte física. Esta es la primera palabra de la gracia. Esta Profecía se cumple cuando Cristo nace de María virgen, nace de la simiente de una mujer: Mateo 1:18 “El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo”, Gálatas capitulo 3: 16 y 19, Gálatas 4:4 “Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley”. En este mismo pasaje vemos mas de una profecía, después de maldecir a la serpiente física, Dios se volvía a la serpiente espiritual, al mentiroso seductor, Satanás y lo maldijo: “te herirá en la cabeza.... le herirás en el calcanar”. Este “primer evangelio” es profético de la lucha y de su resultado entre “tu simiente” (Satanás y los incrédulos que son llamados hijos del diablo en Juan 8:44) y la simiente de la mujer (Cristo, descendiente de Eva y aquellos en Él) que comenzó en el huerto. En medio del pasaje de la maldición, resplandeció un mensaje de esperanza, la descendencia de la mujer designada como “esta” es Cristo, que un día derrotaría a la serpiente. Satanás podrá solo herir al calcanar de Cristo, hacerlo sufrir, mientras que Cristo herirá la cabeza de Satanás, lo destruirá con un golpe mortal. Esta profecía se cumple cuando Cristo en la cruz dice “Consumado es” (Juan 19:30) con estas palabras se consumaban las profecías que vino a cumplir, la redención que vino a ofrecer, la salvación que vino a regalar, al victoria sobre Satanás (Juan 12:31). Pablo, en su pasaje que evoca Génesis 3, aleta a los creyentes en Roma “Y el Dios de paz aplastará en breve a Satanás bajo nuestros pies” (Romanos 16: 20). Los creyentes debemos darnos cuenta que estamos participando en el aplastamiento de Satanás, porque junto con nuestro Salvador y debido a su obra consumada en la cruz nosotros también pertenecemos a la simiente de la mujer. 2. Simiente de Abraham Génesis 12: 1-3; 22:17 y 18 “de cierto te bendeciré, y multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo y como la arena que está a la orilla del mar; y tu descendencia poseerá las puertas de sus enemigos. 18 En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra, por cuanto obedeciste a mi voz”. Dios prometió a Abraham que serían benditas en el todas las naciones de la tierra. Dios renueva su promesa en Génesis 22: 18 después de probar la fe de Abraham. Esta promesa es renovada con Isaac (Génesis 26: 1-4) y en Jacob (Génesis 28: 13-16). Jesucristo es el Mesías y es la simiente de Abraham quien bendijo a las naciones otorgándonos la salvación (hechos 3:25 “Vosotros sois los hijos de los profetas, y del pacto que Dios hizo con nuestros padres, diciendo a Abraham: En tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra”; (Gálatas 3: 8, 9,14 y 16) 3. La venida del Siloh Génesis 49: 8-12 “Judá, te alabarán tus hermanos; Tu mano en la cerviz de tus enemigos; Los hijos de tu padre se inclinarán a ti. 9 Cachorro de león, Judá; De la presa subiste, hijo mío. Se encorvó, se echó como león, Así como león viejo: ¿quién lo despertará? 10 No será quitado el cetro de Judá, Ni el legislador de entre sus pies, Hasta que venga Siloh; Y a él se congregarán los pueblos. 11 Atando a la vid su pollino, Y a la cepa el hijo de su asna, Lavó en el vino su vestido, Y en la sangre de uvas su manto. 12 Sus ojos, rojos del vino, Y sus dientes blancos de la leche”. La interpretación judía de Génesis 49:10 se lee así: “hasta el tiempo cuando el Rey Mesías venga a los suyos” (Números 24:17; Ezequiel 21:27) “judá, te alabarán tus hermanos” “Cachorro de león: Judá” “No será quitado el cetro de Judá”. El león de la tribu de judá viene de este linaje (Lucas 3:33; Hebreos 7:14). Esta parte de la profecía se cumplió con Cristo, en cuanto los versículos 11 y 12 describen una prosperidad tan grande que la gente atará su pollino a la vid escogida, dejándole comer porque hay tanta abundancia; el vino será tan abundante como el agua y todos serán sanos, esta es probablemente una profecía milenaria.
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