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EL VERDADERO SIGNIFICADO DE LA SEMANA SANTA
Semana Santa es una época muy conocida y muy esperada por la gran mayoría de la gente, ¿por que?, quizá para algunos signifique que tendrán vacaciones y podrán salir de viaje, para otros quizá signifique que en la televisión pasarán películas de la muerte y resurrección de Jesús, para otros simplemente es una época en la que se prohíbe la carne, para algunos más es una época de dolor y duelo por recordar la muerte de Jesús. ¿Para ti que significa?, ¿Lo habías pensado alguna vez?, ¿Alguna vez te has preguntado la verdadera razón por la que Jesús fue crucificado? Es triste reconocer que en esta época en que supuestamente debería recordarse el acto de amor más grande que Dios realizó, sea muy poca gente la que lo sabe. Si Jesús murió, no es por que haya sido un guerrillero como algunos dicen, tampoco lo mataron por que estaban en contra las creencias de su época, ¡Jesús murió por que nos amó y pagó el precio de muerte por todos nosotros, pecadores! , la Biblia dice: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.” Juan 3:16 ¿Quién necesita a Jesús? TODOS; Si bien es dicho que únicamente los pecadores necesitan de Dios, preguntamos: ¿Eres pecador? “Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios.” Romanos 3:23 "Como está escrito: No hay justo, ni aun uno; No hay quien entienda, No hay quien busque a Dios." Romanos 3:10-11 Creo que todos te incluyen a ti también, ¿Es grave ser pecador? “Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro.” Romanos 6:23 Hay quienes dicen que tú debes buscar a Dios, pero la verdad es que eso es innecesario, pues Dios te está buscando a ti, y ¿que tienes que hacer para encontrarlo?, muy sencillo: “Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación.” Romanos 10:9-10. Jesucristo solo quiere que creas como un acto de fe que el vino, murió por ti y resucitó al tercer día para perdonarte tus pecados, Solo Jesús te puede salvar, nadie más, Jesús mismo lo dijo: “Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” Juan 14:6. No hay mediadores para Dios que no sea Jesús, nadie te puede garantizar tu entrada al Cielo. “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre” 1 Timoteo 2:5. ¿Qué debes hacer para ser salvo? Haz en voz audible una oración sincera como esta: “Señor Jesús, reconozco ante Ti que soy un pecador, y me arrepiento de serlo, reconozco también que moriste por mí y que resucitaste para salvarme, acepto ese regalo de la vida eterna que me quieres dar, te acepto en mi corazón como mi Señor y Salvador. Gracias Dios por salvarme en el nombre de Jesús, Amén”
Significado de la muerte de Cristo El propio Señor Jesús fue muy consciente de que su muerte no sería un amargo fracaso, una tragedia irreparable que extinguiría las huellas de su paso por la historia. Siempre, detrás de la cruz, veía su resurrección (Mt. 16:21), el triunfo de una vida indestructible. Para él la cruz era la culminación de lo revelado en las Escrituras acerca del Mesías (Lc. 24:45-47). Se veía a sí mismo como el Ebed Yahveh, el Siervo sufriente descrito en Is. 52 y 53 que había de «poner su vida en expiación por el pecado» (Is. 53:10). Jesús probablemente recordaba este texto cuando declaró que no había venido para ser servido, sino «para servir y dar su vida en rescate por muchos» (Mt. 20:28).
También los apóstoles entendieron y proclamaron el significado de la cruz. Su testimonio es unánime al destacar el carácter vicario, expiatorio y redentor de la muerte de Cristo (Ro. 4:25; Ro. 5:8; Ro. 8:32; 1 Co. 11:24; 2 Co. 5:14-15; Gá. 1:4; Gá. 2:21; Ef. 5:2; 1 P. 1:18-19; 1 Jn. 1:7; Ap. 1:5). Cristo fue el segundo Adán, quien puso fin a la transgresión y la condenación reportadas por el primer Adán para traer a los hombres la justificación de vida (Ro. 5:17). Este hecho nos lleva a considerar algunos aspectos importantes del mensaje de la cruz:
La universalidad del propósito salvador de Dios. A lo largo de toda la Biblia se hace notar el carácter universalista del plan divino. En los albores del periodo patriarcal, Dios dice a Abraham: «En ti serán benditas todas las familias de la tierra» (Gn. 12:3). En el Nuevo Testamento se confirma esa promesa. Jesús confesó que tenía otras ovejas fuera del rebaño judío, a las que atraería para que oyeran su voz y se integraran en su redil. (Jn. 10:16). Ante unos griegos que deseaban verle, hace, en clara alusión a su muerte, una significativa revelación: «Si yo fuere levantado de la tierra, a todos atraeré a mí mismo (esto dijo dando a entender de qué muerte iba a morir)» (Jn. 12:32). Una de sus últimas declaraciones fue: «Así está escrito y así era necesario, que el Cristo padeciese y resucitase de los muertos; y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados a todas las naciones.» (Lc. 24:46-47). Pablo ratifica la universalidad del Evangelio (Gá. 3:28). Y Juan, en sus visiones apocalípticas ve, en compañía de Cristo, «el que nos amó y nos liberó de nuestros pecados con su muerte» (Ap. 1:5) «una multitud inmensa, que nadie podía contar, de toda nación, razas, pueblos y lenguas, de pie delante del trono y del Cordero, vestidos con vestiduras blancas y palmas en sus manos.» (Ap. 7:9).
Paralelamente a la concepción universalista de la redención, nos descubre Pablo la dimensión cósmica de la obra reconciliadora de Cristo en su muerte (Col. 1:19-20). El propósito eterno de Dios era «restaurar todas las cosas en Cristo en la dispensación del cumplimiento de los tiempos» (Ef. 1:9-10) en el marco de una nueva creación. Sólo de este modo podían verse en su plenitud los efectos de lo acaecido en el Calvario.
El poder de su resurrección Fuente de aliento para la vida diaria «Acuérdate de Jesucristo resucitado de los muertos» (2 Ti. 2:8)
Cuando sentimientos de culpa te lleven a dudar de tu salvación, «acuérdate de Jesucristo resucitado» y entenderás que «ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús» (Ro. 8:1), pues Cristo «fue entregado por nuestros pecados y resucitado para nuestra justificación» (Ro. 4:25).
Cuando las tribulaciones de la vida amenacen con hundirte, «acuérdate de Jesucristo resucitado». Aun del sepulcro se levantó triunfante. A sus discípulos los libró del naufragio cuando una tempestad en el lago de Tiberíades estaba a punto de acabar con sus vidas. En otra ocasión, andando de noche sobre las aguas del mismo lago, provocó el terror de los discípulos que creían ver en la figura caminante un fantasma. En muchas situaciones oscuras de nuestra vida solemos ver fantasmas estremecedores cuando en realidad nos hallamos ante la presencia de un Salvador todopoderoso, a quien oímos decir:: «Soy yo, no tengáis miedo» (Mt. 14:22-27).
Cuando veas que tu cielo se nubla y te atenaza un sentimiento de frustración, «acuérdate de Jesucristo resucitado» y todo cambiará en tu interior, como cambió el de los dos discípulos de Emaús, primeramente tristes y desconcertados por la muerte del Maestro, pero después radiantes de gozo y pletóricos de energía espiritual al comprobar que su Señor, resucitado, era el Cristo, vivo y glorificado.
Cuando veas que la Iglesia languidece y se mundanaliza con peligro de extinción, «acuérdate de Jesucristo resucitado». Jesús te dice: «No temas, yo soy el primero y el último, el que vive; estuve muerto; pero ahora estoy vivo por los siglos de los siglos. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades.» (Ap. 1:17-18). Él sigue diciendo: «Edificaré mi iglesia y las puertas del hades no prevalecerán contra ella» (Mt. 16:18)
Cuando tu fe se vaya enfriando y empiece a perderse tu primer amor, «acuérdate de Jesucristo resucitado». Le oirás decir: «Bástate mi gracia, porque mi poder en la debilidad se perfecciona» (2 Co. 12:9). «El que ha empezado en vosotros la buena obra la perfeccionará hasta el Día de Jesucristo» (Fil. 1:6).
Cuando el temor a la muerte te deprima y debilite, o cuando te arrebate un ser querido, «acuérdate de Jesucristo resucitado». El señor no sólo venció a la muerte, sino que, con su triunfo sobre ella, puede «librar a todos los que por el temor a la muerte están toda la vida sujetos a servidumbre» (He. 2:14-15). Cuando somos conscientes de estas realidades, podemos mirar a nuestro fallecimiento o al de nuestros deudos y amigos con serenidad, sin miedos recónditos o frías incertidumbres, Nuestra fe descansa en la promesa de Aquel que dijo: «Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque haya muerto vivirá» (Jn. 11:25). Tener a Cristo es tener la vida; nada ni nadie puede aniquilarla. Estamos unidos al Salvador mediante la fe, y nada podrá separarnos de él o de su acción redentora. Estamos unidos a Cristo como el cuerpo a la cabeza. En virtud de esta unión, Dios está totalmente a nuestro favor. Consecuencia: «Si Dios está por nosotros, ¿quién contra nosotros? (...) ¿Quién nos separará del amor de Cristo?» (Ro. 8:31). Pablo responde con firme convencimiento: »Estoy cierto de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo porvenir (...) nos podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús.»
¡ACUÉRDATE DE JESUCRISTO RESUCITADO!
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