Raíces profunda

 

"... a fin de que, arraigados y cimentados en amor, seáis plenamente capaces de comprender... el amor de Cristo..." Efesios 3:17-19.

 Un hombre contó de un vecino que hace años pasaba la mayor parte de su tiempo libre sembrando árboles. El hombre apenas regaba los jóvenes árboles porque pensaba que el exceso de agua los echaba a perder. Creía que cuidar bien de los árboles significaba permitirles dificultades. Decía que los árboles mimados tenían raíces superficiales, y que las raíces profundas eran algo que se atesoraba. Este hombre decía que muchas veces pasa por el viejo lugar y mira los árboles que su vecino sembró 25 años atrás. Son toscos, fuertes y duraderos, altos y firmes. La adversidad y la privación parecen haberlos beneficiado como no lo habrían hecho si hubieran sido protegidos y mimados.

 Todo eso nos hace pensar en la manera en que oramos por los demás. Tendemos a orar para que Dios libre a nuestras familias y amigos de las dificultades, pero debemos cambiar la oración. No pidamos para ellos una vida fácil, porque eso podría no venir en este mundo. Más bien tratemos de hacer eco de la oración del apóstol Pablo por los creyentes de Éfeso (3:14-19). Pidamos que sus raíces se profundicen mucho en el amor de Dios, experimentando una estrecha relación con Él, para que crezcan fuertes y firmes. Luego, cuando soplen los vientos de la adversidad, no serán arrasados, sino que permanecerán erguidos como testimonio de fe.

NO ORES POR UNA VIDA SIN PROBLEMAS, SINO POR TRIUNFO EN LOS PROBLEMAS.

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