LA ENTRADA TRIUNFAL A JERUSALÉN

 

 

Decid á la hija de Sión: He aquí, tu Rey viene á ti, Manso, y sentado sobre una asna, Y sobre un pollino, hijo de animal de yugo”

 Mateo 21:5

 

   La entrada triunfal a Jerusalén es una entrada solemne y a la vez sencilla, Jesús ha completado Sus tres años de ministerio en la tierra. Ahora Él comienza la última semana previa a Su pasión y muerte por crucifixión. Jesús y Sus discípulos han llegado cerca de la ciudad de Jerusalén, a Betfagé, una pequeña villa cercana al Monte de los Olivos al este de Jerusalén. Jesús envía a dos de Sus discípulos a conseguir un pollino. Ellos le traen el pollino y una asna a Él. Jesús se monta sobre el, el cual nadie antes había montado. Esto fue hecho para cumplir la Profecía de Zacarías 9:9 que dice: Alégrate mucho, hija de Sión; da voces de júbilo, hija de Jerusalén: he aquí, tu rey vendrá á ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, así sobre un pollino hijo de asna”. Hay cuatro elementos en este versículo que describen el carácter  del Mesías, 1) Él es Rey; 2) Él es justo; 3) Él trae Salvación y 4) Él es humilde.

 

  En aquella época había una sensación general de que el Mesías estaba a punto de venir a liberar a Israel de la opresión Romana. Israel había sido atropellada y era controlada por soldados Romanos. Había una esperanza en general de que el Mesías vendría pronto y liberaría a la nación del régimen Romano. Los principales sacerdotes y fariseos tenían miedo porque tanta gente había visto los milagros y estaban listos a aceptarlo como el Mesías y Rey. Ellos decían: “...... ¿Qué hacemos? porque este hombre hace muchas señales. Si le dejamos así, todos creerán en él: y vendrán los Romanos, y quitarán nuestro lugar y la nación”. Fue tal su preocupación y alertados por los fariseos, un comité del sanedrín compuesto por principales sacerdotes y fariseos, convocaron una sesión extraordinaria del sanedrín. Los fariseos por sí mismos no podían emprender una acción judicial contra Jesús y aunque estaban sujetos a control romano, el sanedrín era la máxima entidad jurídica en Israel u ejercía todo el poder judicial, legislativo y ejecutivo en aquel histórico momento. Los líderes religiosos no estuvieron dispuestos a creer en Jesús como el Hijo de Dios;  porque temían que Él comenzaría un movimiento en contra de la opresión y ocupación del Imperio romano, lo cual causaría que les quitasen sus derechos y libertades que los romanos les daban. Por eso ellos decían: "Este hombre hace muchas señales. Si le dejamos...todos creerán en él".

 

  Jesús se mostró a sí mismo como un Rey al montar hacia Jerusalén como los reyes del Antiguo Testamento. Decid á la hija de Sión: He aquí, tu Rey viene á ti, Manso, y sentado sobre una asna, Y sobre un pollino, hijo de animal de yugo”. Veamos que podemos aprender de esto: Que Cristo es Rey.

 

  Mateo 21:8 dice: Y la compañía, que era muy numerosa, tendía sus mantos en el camino: y otros cortaban ramos de los árboles, y los tendían por el camino”.  Extender los vestidos y mantos en la calle era en la antigüedad un acto de homenaje reservado para la alta nobleza; sugiriendo esto que la multitud reconocía el derecho de Jesús a ser rey de los judíos.

 

  Era una multitud numerosa. Muchos de ellos lo habían seguido desde Jericó. Muchos otros ya habían llegado a Jerusalén para la gran fiesta de la Pascua, que estaba a punto de comenzar.

 

  Ellos tendían sus mantos en el camino como decoración. Cortaban ramas de olivos y de palmeras y las esparcían en el camino. Juan fue testigo ocular de ello. Él dijo que ellos "Tomaron ramos de palmas, y salieron á recibirle” (Juan 12:13a).  Eso fue lo que los Judíos hacían para la Fiesta de los Tabernáculos (Levítico 23:40). Esta no era la temporada de la Fiesta de los Tabernáculos, sino que de la Pascua. Sin embargo era común que los judíos expresaran gozo tomando ramas de palmeras en sus manos en ocasiones de regocijo.

 

  Ellos le daban la bienvenida a Cristo como a un rey, el Mesías, su liberador, pero libertador del cautiverio de Roma.  Ellos vieron en Cristo mas que un rey, un libertador. Y de hecho es Rey y Libertador. El Nuevo Testamento repetidamente llama a Jesús "Kurios" que es la palabra Griega para "Señor". Y la Biblia dice: "Y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor" (Filipenses 2:11).  Y Tomás lo llamó  "Señor mío, y Dios mío" (Juan 20:28).  Jesucristo es Señor, Jesucristo es el Hijo de Dios. Jesucristo es  "Rey de Reyes y Señor de Señores" (Apocalipsis 19:16).

 

  ¿Piensa usted que la multitud que extendió sus mantos y abanicó las ramas de palmeras hacia Él aquel día entendía eso? ¿Piensa usted que ellos de verdad sabían que Cristo era Rey de Reyes y Señor de Señores? No, está muy claro que no lo entendieron.

 

  Jesús era, y es, un rey. Él es manso y humilde. Mateo 11:29 dice: Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas. Eso no quiere decir que sea débil, No, no había nada débil en Él. Pero Él era manso, y humilde y nos invita a aprender de Él.

 

  Mateo 21:9 nos dice: Y las gentes que iban delante, y las que iban detrás, aclamaban diciendo: ­ ¡Hosanna al Hijo de David! ­ ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor! ¡­Hosanna en las alturas!”Hosanna: Significa "salva ahora". Era más que un grito de aclamación; equivalía al ruego de un pueblo oprimido dirigido a su Salvador para que éste le diera la libertad.  Más tarde se convirtió en una exclamación de alabanza. Salmo 118 25 y 26 nos dice: Oh Jehová, salva ahora, te ruego: Oh Jehová, ruegote hagas prosperar ahora. Bendito el que viene en nombre de Jehová: Desde la casa de Jehová os bendecimos”. Aquellas personas que aclamaban a Jesús a su entrada a Jerusalén veían solamente en Él algo que podía beneficiarles temporalmente, deseaban  que Él tomara el control para seguir satisfaciendo sus necesidades terrenales tales como sanidad y sustento como había sucedido cuando dio de comer a toda aquella multitud y anhelaban un gobierno terrenal que los sacara del yugo de opresión que mantenía  Roma sobre ellos. El reino de Dios no es comida ni bebida, y el mayor propósito de Dios ha sido darnos salvación por medio de su hijo Jesús.

 

  La multitud que iba delante y detrás de Él aclamaba: "¡Hosanna!". Ellos aclamaban: "¡Salva, ahora!" Pero ellos pensaban que Él los salvaría de los romanos. Ellos pensaban que Él les daría la salvación física, terrenal. Muchos hoy en día buscan a Cristo para que les dé bendiciones físicas, una vida mejor. Pero esa nos es la razón por la que Cristo vino. Debemos recordar: "que Cristo Jesús vino al mundo para salvar á los pecadores"  1ª Timoteo 1:15.  Porque el Hijo del hombre vino á buscar y á salvar lo que se había perdido” Lucas 19:10.

 

 Observe el resumen del evangelio:

“Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo recibí: Que Cristo fué muerto por nuestros pecados conforme á las Escrituras; Y que fué sepultado, y que resucitó al tercer día, conforme á las Escrituras” (1ª Corintios 15:3-4).  Eso solamente es el evangelio verdadero.

 

  La multitud aquel día aclamaba: "¡Sálvanos ahora!" Pero no se daban cuenta de que Él vino a salvarlos del yugo del pecado y de la condenación. Unos cuantos días después Jesús le dijo a Pilato, el gobernador Romano: “Mi reino no es de este mundo" (Juan 18:36). Él vino a salvarnos del pecado y darnos vida eterna en Su reino, el cual "no es de este mundo", sino que del mundo celestial.

 

  Mateo 21:10-11 dicen: Y entrando él en Jerusalén, toda la ciudad se alborotó, diciendo. ¿Quién es éste? las gentes decían: Este es Jesús, el profeta, de Nazaret de Galilea”. Algunos en la multitud decían: "¿Quién es éste?" Ellos aclamaban "Hosanna en las alturas", pero en verdad no sabían quién era Él. Otros en la multitud les contestaban: "Este es Jesús el profeta, de Nazaret" de Galilea. Ellos también estaban equivocados. Ellos pensaban que Él era solamente un profeta. Se equivocaron. ¡Él no es un profeta! ¡Él es el Hijo de Dios! Nuestro Salvador.

 

  Por eso como entendieron o no quisieron entender, y la mayoría de esta gente en la multitud se volteó en contra de Jesús tan pronto. Solamente una semana después, el Viernes siguiente, aquellos que aclamaban: "Bendito el que viene en el nombre del Señor, hosanna en las alturas" gritaban: “¡Sea crucificado!" (Mateo 27:22). "¡Crucifícale! ¡Crucifícale!" (Juan 19:6).

 

  Pero cuando la ciudad gritaba "Bendito el que viene en el nombre del Señor, hosanna en las alturas" algunos de los fariseos por el temor le dijeron al mismo Señor Jesús, Maestro, reprende á tus discípulos”. Los fariseos se sentían ofendidos por una multitud que ofrecías alabanzas y adoración  dignas de un rey, por eso querían que Él mismo les prohibiera hacerlo. Luego de responderles que si estos callaren, las piedras hablaran, no volvieron a pedirle que callara a la multitud.

 

  Pero Lucas es el único de los evangelios que registró el lamento profundo de Jesús por la ciudad de Jerusalén. Y como llegó cerca viendo la ciudad, lloró sobre ella”. Jesús mira como Jerusalén se hunde en el pecado, en su ignorancia y en su ceguera: ¡­Oh si también tú conocieses, á lo menos en este tu día, lo que toca á tu paz! mas ahora está encubierto de tus ojos. Porque vendrán días sobre ti, que tus enemigos te cercarán con baluarte, y te pondrán cerco, y de todas partes te pondrán en estrecho, Y te derribarán á tierra, y á tus hijos dentro de ti; y no dejarán sobre ti piedra sobre piedra; por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación” (Lucas 19: 41 al 44).

 

  Pocos años más tarde, la ciudad sería arrasada. Jesús llora la contumacia de Jerusalén. ¡Qué elocuentes son estas lágrimas de Cristo! Lleno de misericordia, se compadece de esta ciudad que le rechaza.

 

  Nada quedó por intentar: ni en milagros, ni en obras, ni en palabras; con tono de severidad unas veces pero comprensivo... Jesús lo ha intentado todo con todos: en la ciudad y en el campo, con gentes sencillas y con sabios doctores, en Galilea y en Judea... También ahora, y en cada época, Jesús entrega la riqueza de su gracia a cada hombre, porque su voluntad es siempre salvadora.

 

 

  Conclusión:  Nosotros conocemos que aquella entrada triunfal fue, para muchos, muy efímera. Los ramos verdes se marchitaron pronto. El hosanna entusiasta se transformó cinco días más tarde en un grito enfurecido: ¡Crucifícale! ¡Crucifícale! ¿Por qué tan brusco cambio, por qué tanta inconsistencia? Para entender algo quizá tengamos que consultar nuestro propio corazón.

 

   ¡Qué diferentes voces eran! “Quita, quita, crucifícale” y “bendito sea el que viene en el nombre del Señor, hosanna en las alturas” ¡Qué diferentes voces son llamarle ahora “Rey de Israel”, y de ahí a pocos días: “no tenemos más rey que  César! ¡Qué diferentes son los ramos verdes y la cruz, las flores y las espinas! A quien antes tendían por alfombra los vestidos propios, de allí a pocos días le desnudan de los suyos y echan suerte sobre ellos.

 

  La entrada triunfal de Jesús a Jerusalén pide a cada uno de nosotros coherencia y perseverancia, ahondar en nuestra fidelidad, para que nuestros propósitos no sean luces que brillan momentáneamente y de pronto se apagan. En el fondo de nuestros corazones hay profundo contrastes: somos capaces de lo mejor y de lo peor. Si queremos tener la vida eterna, triunfar con Cristo, hemos de ser constantes y hacer morir lo que nos aparta de Dios.

 

  Cristo quiere entrar a tu corazón en forma triunfal,  que lo reconozcamos  como lo que es, Rey de reyes y Señor de señores, nuestro Redentor y Salvador. ¡Aleluya¡ ¡Gloria a Dios¡ 

 

  Dios hoy nos habla por su Palabra y quiere que seamos como en el principio cuando lo recibimos en nuestro corazón,  Él no quiere que creamos en Él, sino que le creamos a Él.  Él busca nuestra fidelidad y obediencia a su Palabra y así derramar sus bendiciones hasta que sobreabunden  en nuestra vida, nuestra familia y nuestra Iglesia, quiere que aprendamos a depender de Él, para poder ocupar el puesto que le corresponde en nuestra vida, y es el que Él sea siempre el primero, en nuestros pensamientos, nuestro actuar, y nuestro hablar, reconociendo que sin Él no somos nada, y que separados de Él nada nos saldrá bien, Recuerda Cristo es la Vid y nosotros los pámpanos.

 

   Recuerda un día se dijo Alégrate mucho, hija de Sión; da voces de júbilo, hija de Jerusalén: he aquí, tu rey vendrá á ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, así sobre un pollino hijo de asna” y esto se cumplió en la persona del Señor Jesús; y Él mismo nos ha dicho “El que da testimonio de estas cosas, dice: Ciertamente, vengo en breve”. Y nosotros a una voz debemos decir. “Amén, sea así. Ven: Señor Jesús”. “bendito sea el que viene en el nombre del Señor, hosanna en las alturas”.

 

 

 Ricardo Ulloa vargas

Pastor

Index/Homilías 2007