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“Y estando en agonía, oraba más intensamente: y fué su sudor como grandes gotas
de sangre que caían hasta la tierra”
(Lucas 22:44)
El salmista no es la única persona que ha dicho: "¿Por qué te abates, oh alma
mía, y te turbas dentro de mí?" (Salmo 42:5). Grandes varones de Dios como:
Moisés “Y oyó Moisés al pueblo, que lloraba por sus familias, cada uno á la
puerta de su tienda: y el furor de Jehová se encendió en gran manera; también
pareció mal á Moisés. Y dijo Moisés á Jehová: ¿Por qué has hecho mal á tu
siervo? ¿Y por qué no he hallado gracia en tus ojos, que has puesto la carga de
todo este pueblo sobre mi? ¿Concebí yo á todo este pueblo? ¿Engendrélo yo, para
que me digas: Llévalo en tu seno, como lleva la que cría al que mama, á la
tierra de la cual juraste á sus padres? ¿De donde tengo yo carne para dar á todo
este pueblo? porque lloran á mí, diciendo: Danos carne que comamos. No puedo yo
solo soportar á todo este pueblo, que me es pesado en demasía. Y si así lo haces
tú conmigo, yo te ruego que me des muerte, si he hallado gracia en tus ojos; y
que yo no vea mi mal” Números 11:10-15; Elías “Viendo pues el peligro, levantóse
y fuése por salvar su vida, y vino á Beer-seba, que es en Judá, y dejó allí su
criado. Y él se fué por el desierto un día de camino, y vino y sentóse debajo de
un enebro; y deseando morirse, dijo: Baste ya, oh Jehová, quita mi alma; que no
soy yo mejor que mis padres. Y él respondió: Sentido he un vivo celo por Jehová
Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu alianza, han
derribado tus altares, y han muerto á cuchillo tus profetas: y yo solo he
quedado, y me buscan para quitarme la vida”.
Todos nosotros, sin excepción, a veces nos sentimos deprimidos en mayor o menor
grado. Felizmente, para la mayoría de la gente, los períodos de depresión duran
poco tiempo. Hay personas, sin embargo, que la experimentan crónicamente. Afecta
seriamente la salud y, en casos extremos, puede terminar en el suicidio.
Lucas 22: 44 que narra el momento de Cristo en el huerto de Getsemaní, antes de
la crucifixión, el señor estaba en agonía, que significa: angustia, congoja,
melancolía, amargura, desconsuelo, tribulación, inquietud, dolor, pena,
aflicción, padecimiento, pesadumbres, abatimiento, tristeza

Es de extrañarse que mucha gente no distinga entre la
depresión y la infelicidad pasajera. Esta es provocada en gran parte por
circunstancias adversas, pero la persona no pierde su perspectiva ni la
esperanza, y puede funcionar normalmente. En cambio, la depresión afecta la
disposición entera de la persona, determinando cómo se ve a sí misma, a sus
circunstancias y a los demás. La persona deprimida tiene un concepto pesimista
de la vida; le parece que todo es gris o negro. "Es vulnerable a lo amenazante y
hasta las frustraciones insignificantes pueden aumentar sus sentimientos
depresivos."' Piensa que todo cuanto hace le sale mal, y se siente incompetente,
inadecuada e indigna de amor; se rechaza a sí misma; se hunde en la apatía. Dice
dentro de si: "La vida es un valle de lágrimas; no vale la pena vivir."
Aunque la depresión es un enemigo espantoso para muchas personas, no deben
considerarse sus victimas obligadas. Abraham Lincoln, dijo: "La mayoría de la
gente es tan feliz como decida serlo." Lincoln era una persona propensa a estar
deprimida, y sufrió muchas desilusiones,
en un punto de su vida, pensó en el suicidio como salida, pero prefirió superar
su depresión y ser feliz. Logró la paz interior y la felicidad durante los
últimos años de su vida. Estar deprimido es como estar en aguas profundas, 2ª
Samuel 22:7 dice: “Tuve angustia, invoqué á Jehová, Y clamé á mi Dios: Y él oyó
mi voz desde su templo; Llegó mi clamor á sus oídos”. El salmista también dijo:
“Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque yo estoy debilitado: Sáname, oh
Jehová, porque mis huesos están conmovidos”, él estaba pasando por un periodo de
desesperación profunda, hoy eso se llama “depresión”.
1. Síntomas de la depresión: Los síntomas típicos de la depresión, desde la
moderada hasta la más fuerte, son fáciles de reconocer, comprenden lo siguiente:
a) Pérdida del apetito y la consecuente pérdida de peso en un periodo
relativamente breve. (Algunos individuos deprimidos, sin embargo, comen
excesivamente y engordan.)
b) Un marcado cambio en los hábitos de dormir. Algunos deprimidos duermen
demasiado y se despiertan cansados, pero la mayoría sufren de insomnio. Si se
ponen a dormir de noche, se despiertan en las primeras horas de la madrugada y
no pueden volver a dormirse. Siempre se
sienten cansados física y emocionalmente. Disminuye la rapidez al pensar y al
hablar.
c) Sentimientos de culpa e indignidad. Muchos deprimidos se censuran duramente
así mismos y se sienten culpables cuando no tienen culpa. Otros censuran a su
prójimo y se ensimisman en su propia conmiseración. El individuo suele juzgarse
pecador e indigno; cree que merece castigo por sus faltas o por no lograr sus
propias metas. Exagera sus deficiencias e ignora sus virtudes; puede angustiarse
por algún desatino que cometió hace años. Si es creyente, tiende a tergiversar
la Palabra de Dios, fijándose en los versículos que enseñan la condenación e
ignorando las promesas de gracia y de perdón. Piensa que ni Dios ni los hombres
lo quieren, creen que son una nulidad y que no sirve para nada. Pero la Palabra
de Dios nos promete en Salmo 34:18 “Cercano está Jehová á los quebrantados de
corazón; Y salvará á los contritos de espíritu”. Contrito significa: Dolido,
lloroso, sentido, afligido, triste, apesadumbrado, abatido, consternado. Etc.
d) Tienen apatía, desgano y una actitud de "no me importa". Los deprimidos a
menudo descuidan su apariencia. El hombre se preocupa menos de afeitarse y la
mujer de arreglarse. Pierden interés en su trabajo, en sus actividades diarias y
hasta en su recreación favorita. Por lo general, cesa el impulso sexual.
e) Ensimismamiento. El deprimido tiende a perder el afecto hacia los miembros de
su familia, y sus amistades, a aislarse, evitando el compañerismo con ellos y
con los demás. Lamentaciones 5: 15 dice “Cesó el gozo de nuestro corazón;
Nuestro corro se tornó en luto”.
f) Tristeza profunda y constante. El abatimiento está tan arraigado en su
corazón, que finalmente se le refleja en el rostro. A menudo llora. Es capaz de
arranques de enojo por cosas insignificantes.
g) Desesperanza. Por regla general, se siente impotente para solucionar su
situación y es incapaz de vislumbrar una salida. En el caso de la depresión
fuerte, su tristeza se agudiza día a día, a menos que alguien logre animarlo a
tener esperanza. Proverbios 25: 20 dice “El que canta canciones al corazón
afligido, Es como el que quita la ropa en tiempo de frío, ó el que sobre el
jabón echa vinagre”. No está en condiciones de tomar decisiones importantes,
tales como cambiar de trabajo, renunciar a un puesto o aceptar un noviazgo.
h) Dolencias físicas varias: dolores en general, mareos, palpitaciones
cardiacas, dificultades respiratorias, presión en el pecho, acidez estomacal y
estreñimiento, Salmo 31: 10 dice “Porque mi vida se va gastando de dolor, y mis
años de suspirar: Hace enflaquecido mi fuerza á causa de mi iniquidad, y mis
huesos se han consumido”. Pero el salmista nos enseña que debemos clamar a Dios
y decir “Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque yo estoy debilitado: Sáname,
oh Jehová, porque mis huesos están conmovidos”.
De vez en cuando la depresión se manifiesta en trastornos sicóticos
caracterizados por períodos alternados de exaltación y depresión. En los
periodos de exaltación el individuo es locuaz, entusiasta e hiperactivo; luego
cae en una depresión tan profunda, que a menudo le dan deseos
de suicidarse. Tales reacciones se denominan "reacciones maniaco depresivas".
2. Causas de la depresión: Aunque no se saben a ciencia cierta todas las causas
de la depresión, algunas son bien conocidas. A veces es la reacción a una
enfermedad prolongada, al agotamiento físico o emocional, la pérdida de un ser
querido, a la ruptura de un romance, al rechazo
por parte de personas apreciadas, o a la separación matrimonial. De todas las
experiencias traumáticas que las personas enfrentan en la vida, parece que la
peor es la pérdida por muerte, del compañero de la vida, especialmente si la
pareja es de edad avanzada. En muchos casos, el
sobreviviente no se adapta a la pérdida, experimenta depresión y en breve tiempo
muere. En muchos casos, la depresión aparece como respuesta a alguna tensión
ambiental que la persona no puede dominar. Entonces tiene la sensación de estar
atrapada, al ser incapaz de remediar una
situación insoportable, recuerde la angustia o depresión debilita, Salmo 31: 10
dice: “Porque mi vida se va gastando de dolor, y mis años de suspirar: Hace
enflaquecido mi fuerza á causa de mi iniquidad, y mis huesos se han consumido”.
Pareciera que el corazón se seca, Salmo 102: 4 nos dice: “Mi corazón fué herido,
y secóse como la hierba; Por lo cual me olvidé de comer mi pan”.
Vivir en un estado de depresión, es vivir con una tormenta interior,
Lamentaciones 1: 20 nos dice: “Mira, oh Jehová, que estoy atribulada: mis
entrañas rugen, Mi corazón está trastornado en medio de mí; porque me rebelé
desaforadamente: De fuera deshijó el cuchillo, de dentro parece una muerte”.
Recuerda que el mismo Señor Jesús sufrió amargamente, atribuladamente hasta
llegar a decir “mi alma está triste hasta la muerte”; esto es lo que nosotros
hoy conocemos como depresión; Mateo 26: 38: “Entonces Jesús les dice: Mi alma
está muy triste hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo”. Pero aún en
está mortal agonía se puso en las manos de Dios, y aunque sea muchas veces
difícil hacerlo, especialmente el cristiano que sufre depresión debe estar en
las manos de Dios en todo momento, sabiendo que el consuelo vendrá de nuestro
buen Padre Celestial; 2ª Corintios 1: 3 y 4 dicen: “Bendito sea el Dios y Padre
del Señor Jesucristo, el Padre de misericordias, y el Dios de toda consolación,
El cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también
nosotros consolar á los que están en cualquiera angustia, con la consolación con
que nosotros somos consolados de Dios”.
Hay factores físicos que precipitan la depresión. Los estudios sobre la materia
indican que hay personas propensas por naturaleza a estar deprimidas; todos los
miembros de ciertas familias tienden a sufrir la misma emoción. Probablemente la
tendencia es genética. También
parece que a veces los cambios bioquímicos que ocurren en el cuerpo sirven de
"depresivo provocadores". Por ejemplo, dichos cambios pueden ser del
metabolismo, de las glándulas o del sistema nervioso. A menudo las mujeres
sufren una crisis depresiva poco después de dar a luz un hijo o en el período de
su menopausia, y necesitan de la comprensión y atención especial de sus maridos.
La anemia, por regla general, va acompañada de depresión.
Algunas personas emplean la depresión como "una llamada de auxilio" (una muestra
de que son indefensas, una súplica de afecto y seguridad o de ayuda para
conseguir un objeto perdido). A veces las personas deprimidas usan su depresión
para manipular a otras. Su estado llama la
atención, es una excusa para evitar responsabilidades y un medio para provocar
lástima.
Según los dos sicólogos evangélicos Frank Minirth y Paúl Meier, las raíces de la
mayoría de los casos de depresión son el enojo o la hostilidad vuelta hacia sí
mismo y acumulada, o los rencores guardados en el corazón. Algunas personas
tienen miedo de expresar su ira y la reprimen, sin embargo, el enojo reprimido
puede dirigirse contra el individuo mismo. En tal caso, se acusa exageradamente
a sí mismo y se siente culpable e indigno. Es la reacción en cadena que lleva a
la depresión.
En otros casos, la persona guarda rencor contra individuos que la han ofendido.
Los científicos han descubierto que el enojo acumulado tiende a agotar los
ánimos en el cerebro y esto tiene por consecuencia la depresión.
La falta de auto estimación es uno de los mayores factores que producen
depresión. El complejo de inferioridad, por regla general, se origina en la
niñez. La privación y el descuido de la madre, el rechazo, el excesivo celo
paterno y las exigencias demasiado rígidas, a menudo desarrollan en el
individuo un concepto muy deficiente de su propio valor. Se siente culpable,
indigno e inseguro.
Una forma del complejo de inferioridad se manifiesta en el perfeccionista, o
sea, la persona demasiado concienzuda, diligente e sagaz, que nunca se aprueba a
si misma. Hay individuos que trabajan diligentemente largas horas, pero se
sienten culpables si dedican algunas horas al descanso y a la recreación;
trabajan compulsivamente. Por regla general, logran mucho, pero nunca están
plenamente conformes con sus realizaciones. Muchas personas que logran grandes
cosas, caen en esta categoría: médicos, hombres profesionales, científicos e
incluso obreros cristianos.
A menudo los perfeccionistas son azotados por sentimientos de culpa, luchan con
una gigantesca conciencia que los amedrenta sin misericordia, porque no logran
vivir de acuerdo a las normas que se fijaron. Sus fracasos los afectan más que a
otros. Algunos se obsesionan con sus propios defectos. Muchas veces se
desilusionan desmesuradamente por insignificantes equivocaciones que cometen. Su
frustración no guarda relación con sus fracasos, y parecen olvidar que todo el
mundo, en alguna ocasión, deja de estar a la altura de sus expectaciones consigo
mismo, con la sociedad y con Dios. Se rechazan a sí mismos, tales personas son
propensas a sentirse deprimidas, y no encuentran consuelo alguno; Salmo 77: 2 al
4, 9,10 y 14a dice: “Al Señor busqué en el día de mi angustia: Mi mal corría de
noche y no cesaba: Mi alma rehusaba consuelo. Acordábame de Dios, y gritaba:
Quejábame, y desmayaba mi espíritu. Tenías los párpados de mis ojos: Estaba yo
quebrantado, y no hablaba. ¿Ha olvidado Dios el tener misericordia? ¿Ha
encerrado con ira sus piedades? Y dije: Enfermedad mía es esta; Traeré pues á la
memoria los años de la diestra del Altísimo. Tú eres el Dios que hace
maravillas”.
La soledad es a la vez causa y consecuencia de la depresión. Todos los seres
humanos necesitan amigos con los cuales compartir su vida. Algunos individuos,
sin embargo, temen ser rechazados si tratan de establecer amistades intimas; no
confían en las demás personas y se alejan emocionalmente. Otros intentan
compensar su falta de amistades con unas cuantas personas, haciendo muchos
amigos pero en un plano superficial. Esto no llena el vacío de su corazón.
Muchas
personas solitarias proyectan sus sentimientos a otras y se imaginan que
no son ellas las que no quieren establecer amistades íntimas, sino las demás.
Así, sienten resentimiento y hostilidad hacia su prójimo. También, la desdicha
de muchos individuos emana del vacío de Dios que albergan en su interior, Salmo
6: 2 al 4 dice: “Ten misericordia de mí, oh Jehová, porque yo estoy debilitado:
Sáname, oh Jehová, porque mis huesos están conmovidos. Mi alma asimismo está muy
conturbada: Vuelve, oh Jehová, libra mi alma; Sálvame por tu misericordia”.
Se observa que con frecuencia las personas deprimidas sienten
compasión de sí mismas. En vez de resistir la tentación de auto compadecerse,
ceden y caen en la auto conmiseración. Si son creyentes, han pasado por alto las
palabras del salmista dirigidas a su alma abatida; "Espera en Dios; porque aún
he de alabarle" (Salmo 42:5).
3. consejos a las personas deprimidas; Los deprimidos necesitan apoyo y ayuda.
Muchos de ellos se aíslan y rechazan a los amigos cuando más los necesitan. A
menudo los familiares del deprimido, ignorantes de la naturaleza de su estado,
se exasperan ante su comportamiento. Por ello, cuando el deprimido más necesita
de la comprensión y amor de los demás, se siente herido por las críticas y la
falta de apoyo, lo cual complica todavía más el cuadro
Es un gran error pensar que se puede animar al deprimido mostrándose muy jovial.
El proverbista observó acertadamente: "El que canta canciones al corazón
afligido es como el que quita la ropa en tiempo de frió, o el que sobre el jabón
echa vinagre" (25:20). Muchas veces la persona que se pone muy alegre y
chistosa, solamente irrita al deprimido. Tampoco conviene criticarlo por estar
deprimido; necesita el máximo de comprensión.
Se ve en el relato de Elías, cuando estaba bajo el enebro, un modelo de cómo
orientar al deprimido (1 Reyes 19). El profeta desilusionado deseaba morir.
¿Cómo curó Jehová el desánimo de su siervo?
1º Proveyó lo que necesitaba físicamente. Después del tremendo entusiasmo del
estímulo espiritual recibido en el monte Carmelo y de los 25 kilómetros que
recorrió en la carrera hasta Jezreel, era natural que un abatimiento físico y
emocional se apoderara de él. Dios sabía que el
estado de ánimo de Elías se debía en parte a su situación. Por eso lo dejó
dormir y luego le envió un ángel con comida. No lo censuró ni lo obligó a tomar
una decisión.
2º Jehová aclaró la visión del profeta sobre su situación, lo que deshizo sus
pensamientos negativos. Primero, le hizo sacar a la luz sus sentimientos y así
le dio la oportunidad de verse a si mismo. En el pozo del desaliento, hablando
en sentido figurado, Jehová le formuló preguntas
escrutadoras. "¿Qué haces aquí, Elías?" De la misma manera, el deprimido debe
hacer un inventario de su situación. ¿Por qué estoy en el pozo del desaliento?
¿Qué pienso? ¿Qué hago yo por salir de la
depresión? La respuesta de Elías da señales de conmiseración de sí. El profeta
se quejó de que a pesar de todo su fervor por Dios, se encontraba solo,
olvidado, arrojado de su país. Le parecía que el reino de Dios estaba por
fenecer, que sólo él era fiel y su situación era insoportable. Tal vez se
sentía un poco enojado por el hecho de que Dios no hubiera intervenido
decisivamente para castigar al débil rey y a su malvada esposa.
Dios le hizo saber que realmente no era el único que sufría persecución y que
permanecía fiel; que no estaba solo, y ni la verdad ni la fe morirían con él.
Quedaban 7.000 fieles que no habían doblado las rodillas ante Baal. Dios todavía
vivía y su reino continuaría.
El Depresivo debe saber que sus circunstancias no son tan lúgubres como le
parecen, y que Dios es fiel; El no permitirá que sea tentado más allá de lo que
puede resistir; Dios le dará una salida, o si no, le proporcionará la gracia
para soportar.
3º Jehová hizo que Elías desviara los ojos de sí mismo y le dio trabajo para
hacer, una de las mejores curas para la excesiva preocupación por sí mismo, es
preocuparse por las necesidades de los demás. Si la persona se ocupa en una
actividad de valor, o aun en un pasatiempo, se sentirá
más satisfecha y contenta. Pero a veces es difícil instar al deprimido a
ocuparse en algo interesante: prefiere sentarse y cavilar en sus problemas.
4º Dios le hizo saber a Elías que la situación no era controlada por Jezabel
sino por Dios. Lo comisionó para que ungiera a los nuevos monarcas de Damasco y
de Israel. La casa de Acab sería exterminada. Es importante que el deprimido
sepa que Dios rige los destinos del hombre.
No es victima de las circunstancias de la vida. "Todo lo puedo en Cristo que me
fortalece".
No debemos permitir que nuestras emociones dominen nuestra conducta. Dios le
dijo a Caín sobre su enojo: "¿Por qué ha decaído tu semblante? Si bien hicieres,
¿no serás enaltecido?" (Génesis 4:6,7). Si Caín dejaba de lado su odio, pasaría
ese sentimiento y andaría erguido y
sereno. Sería muy bueno que confiando plenamente en Dios hiciera un plan para
vencer su depresión. No basta con decir que debe cambiar su conducta; si es
necesario debe preparar una lista de soluciones optativas, elegir una y ponerla
por obra. Si no da resultado, elija otra y actúe para
llevarla a cabo. Salmo 9: 9 y 10 dicen: “Y será Jehová refugio al pobre, Refugio
para el tiempo de angustia. Y en ti confiarán los que conocen tu nombre; Por
cuanto tú, oh Jehová, no desamparaste á los que te buscaron”. Y Salmo 13: 5 y 6
agregan: “Mas yo en tu misericordia he confiado: Alegraráse mi corazón en tu
salud. Cantaré á Jehová, Porque me ha hecho bien”.
Cuidado con emplear la depresión para manipular a otros, o con emplearla para
aliviarse del enojo acumulado. El deprimido debe aprender a expresar sus
emociones de una manera que no dañe a otros. Muchos individuos son demasiado
pasivos y sufren el abuso de otros sin
responder. Luego, su enojo se acumula y se convierte en depresión. Seria mejor
expresar su rabia con medida, que ser pasivo y permitir que ésta se acumule. Más
vale responder pero con mansedumbre que reprimir. En cambio, es importantísimo
aprender a perdonar y a no guardar rencor.
Debe mejorar su concepto de si mismo. ¿Cómo? Primero, la persona debe acercarse
a Cristo y sentir su aceptación y amor. Cada creyente es hijo de Dios y tiene un
lugar único en su maravilloso plan. Salmo 34: 19 dice: “Muchos son los males del
justo; Mas de todos ellos lo librará Jehová”.
Luego, le conviene mejorar su relación con los demás. Finalmente debe establecer
metas dentro de su alcance y esforzarse por cumplirlas. Ore diariamente e inunde
su mente con la Palabra de Dios, Colosenses 3:16 nos dice: “La palabra de Cristo
habite en vosotros en abundancia en toda sabiduría, enseñándoos y exhortándoos
los unos á los otros con salmos é himnos y canciones espirituales, con gracia
cantando en vuestros corazones al Señor”.
Recuerde que nosotros los hijos de Dios no luchamos contra sangre y carne sino
contra los principados de las tinieblas. Satanás emplea la depresión para
volverlo inútil, para hacerlo pensar e incluso llegar a creer que Usted no es
hijo de Dios. Pero esto no es así, aun con su depresión Usted es un hijo o hija
de Dios, aun con esta enfermedad Dios le ama. Son reales las palabras del himno:
"Dulce oración, dulce oración, que aliento y gozo al alma das" El escritor
inspirado nos cuenta que David en su hora más negra "se fortaleció en Jehová su
Dios", dice: “Y David fué muy angustiado, porque el pueblo hablaba de
apedrearlo; porque todo el pueblo estaba con ánimo amargo, cada uno por sus
hijos y por sus hijas: mas David se esforzó en Jehová su Dios”. (1 Samuel 30:6).
Recuerde que la depresión es una enfermedad y Dios tiene todo poder para
sanarle, y si no es así, tiene todo poder para hacerle vivir cada día con esta
carga, pero él le dará las fuerzas necesarias para seguir adelante, Isaías 9:10
le dice: “El pueblo que andaba en tinieblas vio gran luz: los que moraban en
tierra de sombra de muerte, luz resplandeció sobre ellos”, esa es la luz de
Cristo que ha de alumbrarle cada día para guiarle cuando deba pasar por el valle
de la angustia o de la depresión; por eso alabamos y glorificamos el nombre de
nuestro buen Señor y Dios, y hacemos nuestras las palabras de 2ª Corintios 1:3
“Bendito sea el Dios y Padre del Señor Jesucristo, el Padre de misericordias, y
el Dios de toda consolación”.
“Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi potencia en la flaqueza se
perfecciona. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis flaquezas,
porque habite en mí la potencia de Cristo” 2ª Corintios 12:9
“Resta, hermanos, que tengáis gozo, seáis perfectos, tengáis consolación,
sintáis una misma cosa, tengáis paz; y el Dios de paz y de caridad será con
vosotros” 2ª Corintios 13:11.
Amén
Ricardo I. Ulloa
Pastor
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