He aquí os doy nuevas de Gran Gozo

 

Lucas 2:10 y 11

 

  Introducción:

   Siempre fue así, que el hombre ha estado esperando recibir, tener, saber, conocer de una gran noticia que cambie su suerte, su fortuna, su destino, que cambie en una palabra, su vida.

  Los jóvenes sueñan con ser artistas, futbolistas, famosos por alguna cosa que cambie su suerte. Los hay mayores que toda la vida van tras las patas de un caballo, de un número de lotería, que de la mañana a la noche los transforme en millonarios.  

  Hay quienes recorren las montañas, ríos y cuanto lugar les indique que puede contener un mineral, y mientras tanto sueñan lo que harán cuando encuentren la soñada mina de oro, plata, cobre, hierro o lo que sea.

  El industrial, el comerciante, etc. Viven trabajando y soñando con el día cuando él pueda despegar definitivamente y consolidar sus negocios, y ciertamente los hay, quienes encuentran ese día de la alegría del triunfo, de la victoria definitiva. El trabajador vive esperanzado, siempre esperando obtener mejores condiciones de vida para él y sus familias con el fruto de su trabajo; y aunque son muy pocos lo que lo logran, son millones los que viven ilusionados, esperando.

   Pero la vida es eso siempre, una constante espera, ilusionados con el día de nuestra alegría, nuestro gozo y felicidad. Así espera la novia el día de su boda. Así espera la madre el día en que nacerá su bebé. Así espera el estudiante el día de su graduación. Así esperan todos el día en que comenzamos a trabajar y así también esperamos el día cuando ya tenemos que dejar de trabajar.

   La vida del ser humano parece  ser eso, un ser que siempre espera algo grande, bello, hermoso, que le dé contenido y significado a la vida del hombre, en familia y en sociedad.

   Los pueblos, los gobiernos, los estadistas, legisladores, administradores de justicia, maestros y ministros cristianos vivimos esperando un mundo mejor, donde haya paz, justicia, respeto, espíritu de superación, voluntad de servicio y amor a Dios y al prójimo.

   Dos mil años atrás las condiciones espirituales y morales del hombre no eran muy diferentes al de nuestros días, que ciertamente ha logrado más desarrollo científico, tecnológico, es más culto, etc. Pero igualmente pecador hasta la depravación completa. Y si es que ya no sienten temor como los humildes pastores de las colinas de Belén; se ha vuelto extremadamente escéptico, sino ateo. Algunos aunque religiosos, son solo eso, religiosos, no conociendo, ni esperando en el Señor.

   A todos, el Señor es una ocasión como esta, en la navidad de Jesús, el Hijo de Dios,  les mira con profunda simpatía y les dice: “He aquí os doy nuevas de gran gozo”.  

   No hay duda que todos los grandes acontecimientos que han ocurrido en la historia de la humanidad, el de mejor contenido espiritual, que toca hondo en el alma de la familia y la sociedad, es el nacimiento del niño Jesús. No ha habido hecho que haya conmocionado más el espíritu del hombre que la navidad del Señor Jesucristo; con el paso del tiempo vemos que a pesar de los esfuerzos de la gente por decir que esta es una fiesta de niños y para niños; ya es incontrolable el espíritu de la navidad en los gobiernos, las autoridades, las industrias, el comercio, el ceno de la familia, ya nadie escapa al espíritu de la Navidad. “He aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo”.

   Sí, lo que pasa es que no estamos recordando un hecho natural; sino que todo es sobrenatural, porque sobrenatural es el origen del cristianismo. Jesús nació de una virgen, su heraldo (Juan el bautista) nació de una mujer estéril y de edad demasiado abanzada para tener hijos; ángeles anunciaron el evento a Zacarías, a María, a José y a los pastores y rescataron al niño de ser muerto, desde tierras lejanas vinieron magos guiados en forma sobrenatural por una estrella para rendir homenaje y proveer los medios de la huida de manos de Herodes. 

   El Mesías debía nacer en la familia de David. Habían pasado mil años desde los tiempos del rey David y ya había miles de familia de descendencia davídica. Al elegir Dios, no miró a los familiares altos y dirigentes de la nación, sino fijó sus ojos en una mujer humilde de las oscuras y lejanas colinas de Galilea, donde había un modesto hogar.

   Lucas narra el nacimiento virginal de Jesús, cuyo relato probablemente lo haya obtenido de la propia María;  y la iglesia a través de 21 siglos ha creído, como nosotros seguimos creyendo tal como Mateo y Lucas lo dicen en forma clara, explicita, categórica e inequívocamente, que Jesús nació de forma virginal.

   Jesús nacido en un Pesebre  Miqueas 5:2

   Según las profecías, Jesús debía nacer en Belén y de la familia de David; pero los padres elegidos vivieron en Nazaret, pero la providencia de Dios utilizando un decreto romano relacionado con un censo riguroso, obligó a José y María a viajar hasta Belén justamente cuando el niño estaba a por nacer, de esta manera Dios utilizó un decreto para hacer cumplir sus profecías.

   No hay duda que si se nos preguntase a nosotros donde debería nacer el Mesías, el Salvador, el Rey de reyes y Señor de señores, todos nosotros al igual que la gente de cualquier época, contestaríamos “En la mejor clínica y sus padres hospedarse en el mejor hotel”. Pero.... se da el caso que cuando el Señor debió nacer y debido a la gran movilización de gente con motivo del censo, no fue posible encontrar un lugar en un aposento disponible, pues siempre había alguien más importante. Así tenemos que los padres terrenales del Hijo de Dios, al nacer este no contaron con otro lugar más adecuado que un establo para animales.

   Observemos el contraste de lo que ocurre con los seres celestes y los seres humanos; aquí en la tierra mientras los hombres le cierran todas las posibilidades de un lugar digno donde posar y naciera el Hijo de Dios. Allá en el cielo quedó vacío todo el ejercito de ángeles que vienen para anunciar a los pastores “No temáis, porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo, que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor”. Dios en su gesto de conmovedora condescendencia, acepta que su “Hijo Unigénito”, naciera en un establo y se le recostara en el pesebre humilde, mostrando con ello todo su amor por la criatura humana.

   El Rey de reyes, el Señor de señores, el dador de la vida, el autor y creador de todo cuanto existe, dejaba todo el universo de su gloria para venir a nacer, vivir y morir entre y por los hombres. Por eso cuando pensamos en Dios, pensamos en el ser que nos ama al grado de humillarse por nosotros. Por eso cuando pensamos en el Señor Jesucristo, pensamos en un único Salvador bondadoso, lleno de misericordia, y que mira a la criatura humana con profunda devoción.

    La Iglesia es depositaria de la virtud cristiana

   Desde aquel día glorioso en que desde un establo  salió la luz que vino a iluminar  la vida de los hombres, esta luz ha ido llenando el mundo y donde quiera que miremos o vayamos, nos vamos a encontrar con esa luz que ha llevado paz, esperanza, alegría y felicidad a la familia cristiana.

   La luz que invadía el pesebre de Belén ha iluminado nuestros corazones, nuestros hogares, nuestras familias, nuestra sociedad, a pesar del pecado imperante, ha sido y aun sigue siendo fuertemente influida por el espíritu de Cristo.

   El mensaje angelical parece cobrar nuevas fuerzas cuando es dirigido a la iglesia de Jesucristo, la Iglesia de este siglo: "No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo; que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor". Amados en el Señor: La Iglesia celebra el acontecimiento más extraordinariamente grandioso que jamás haya ocurrido; cuando Cristo, el Salvador del mundo hizo su entrada a esta tierra. Nunca coro alguno ha cantado como el coro angelical que estremeció el cielo y la tierra con sus voces: “Gloria en las alturas a Dios, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres”. Con este cántico nos dice la Biblia que los ángeles alababan a Dios. Desde aquel día bendito, aquí en la tierra se habla un nuevo lenguaje, el lenguaje del amor de Dios, el lenguaje de la gracia de Dios, el lenguaje de la misericordia de Dios. A la Iglesia, a cada hijo de Dios, se le pide que vaya hoy por todas partes repitiendo este mensaje, que en Belén nació el Salvador del mundo; y al mundo se le pide que haga como los pastores que dijeron “pasemos pues a Belén y veamos esto que ha sucedido, que el Señor nos ha mostrado”. Amados: mientras la Iglesia cumpla esta, la mas bella tarea de su santo ministerio; se escuchará el cántico celestial “Gloria en las alturas a Dios, y en la tierra paz, buena voluntad para con los hombres” “he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo; que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor".

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