Formación Espiritual Nº 2

 Introducción:

  La lección pasada estuvimos estudiando sobre; La necesidad de que Cristo sea formado en nosotros, y de algunas de las características de “Un niño” ahora estaremos tratando el tema “Vida nueva con Cristo”

   Génesis 1:26 “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a Nuestra imagen, conforme a Nuestra semejanza”

  Aquí nosotros podemos ver el plan maestro de Dios para toda la humanidad, Que el hombre guardara la imagen de Dios en su vida, para que Dios continuara reflejándose a través de él. Para esto el hombre necesitaba mantenerse limpio en el sentido espiritual, es decir, sin pecado.

  Génesis 5:3 “Y vivió Adán ciento treinta años, y engendro un hijo a su semejanza, conforme a su imagen, y llamo su nombre Set”

  Podemos ver como dice la Biblia que Adán fue creado a imagen, conforme a la semejanza de Dios. Pero Set fue engendrado a semejanza de Adán, conforme a su imagen, esto quiere decir que en el transcurso de que Adán engendrara a Set, la imagen de Dios se perdió, y fue substituida por la imagen de Adán.

  1 Corintios 15:45 “Así también esta escrito: Fue hecho el primer Adán alma viviente; el postrer Adán, espíritu viviente”.  Aquí Pablo da una respuesta mas especifica al mostrar que el cuerpo resucitado de Jesucristo es el prototipo, el ejemplo. Adán fue creado con un cuerpo natural que era buena en todo sentido, en Adán recibimos nuestro cuerpo natural, pero en el postrer Adán, en Jesucristo, recibimos nuestro cuerpo espiritual. 

  Entonces aquí miramos que La condición original del hombre era perfecta, pero por cuanto el hombre pecó (Romanos 3:23) la imagen de Dios en el se perdió, por esto dice que el primer Adán fue alma viviente (carne) mas el postrer Adán Espíritu vivificante.

   El libro de los Romanos 5:12 Nos enseña:

 “Por tanto, como el pecado entró en el mundo por un hombre, y por el pecado la muerte, así la muerte paso a todos los hombres, por cuanto todos pecaron”.

  No se trata de un pecado en particular, sino de la propensión inherente al pecado que entró al género humano. Los hombres se convirtieron en pecadores por naturaleza. Adán transmitió a todos sus descendientes la naturaleza pecaminosa inherente que llegó a poseer a causa de su primer acto de desobediencia. Esa naturaleza está presente desde el momento de la concepción: Salmo 51:5 “He aquí,  en maldad he sido formado, Y en pecado me concibió mi madre”. Esto hizo imposible que el hombre viviera de tal modo que agradara a Dios. Con el pecado de Adán, toda la humanidad pecó en sus lomos, puesto que su pecado transformó su naturaleza interior y trajo muerte espiritual y depravación, esa naturaleza pecaminosa pasaría también a su posteridad.

  Sé esta dando cuenta, por cuanto el pecado entro al mundo por una hombre (Adán) También por un hombre (Cristo) el pecado tenia que ser destruido, dice también que junto con el pecado llega la muerte, Por esta razón es que vino Jesucristo al mundo:

  Lucas 19:10 “porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido”

  Desde Adán, la humanidad entera se echó a perder, por esta razón es que Cristo fue enviado por Dios: Gálatas 4:4 “Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley”.

  En el tiempo de Dios, cuando las condiciones exactas a escala espiritual, cultural y política requirieron el cumplimiento de ese aspecto del plan perfecto de Dios, Jesús vino al mundo. El hecho de que el Padre haya enviado a Jesús al mundo demuestra su existencia previa y eterna como el segundo miembro de la Trinidad. El ser nacido de mujer demuestra la humanidad plena de Jesús. Él tenía que ser Dios a plenitud para que su sacrificio tuviera el valor infinito que se requería para expiar el pecado, pero Él también tenía que ser hombre a plenitud para que pudiera llevar sobre sus hombros el castigo por el pecado como sustituto perfecto. Al nacer bajo la ley, como todos los hombres, Jesús tenía la obligación de obedecer la ley de Dios. A diferencia de todos, no obstante, Él mantuvo una obediencia perfecta a esa ley. 

  La Unión Con Cristo

 1 Corintios 6:17 “Pero el que se une al Señor, un espíritu es con él”

  Entonces necesitamos urgentemente unirnos a él, para que él sea el que cambie nuestras vidas. Una de las mejores ilustraciones sobre este tema se encuentra en:

  Juan 15:1-5 “Yo soy la vid verdadera, y mi padre es el labrador. Todo pámpano que en mi no lleva fruto, lo quitara; y todo aquel que lleva fruto, lo limpiara, para que lleve mas fruto. Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado. Permaneced en mi, y yo en vosotros, como el pámpano no puede llevar fruto por si mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mi. Yo soy la vid, vosotros los pámpanos”.

  La palabra permanecer significa quedarse o persistir. El hecho de permanecer constituye una evidencia de que la salvación ya ha tenido lugar, 1 Juan 2:19 dice: Salieron de nosotros,  pero no eran de nosotros;  porque si hubiesen sido de nosotros,  habrían permanecido con nosotros;  pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros”. El fruto o la evidencia de salvación es la permanencia y la continuidad en el servicio a Dios, en su obra y a su enseñanza (Juan 8:31; 1 Juan 2:24; Colosenses 1:23). Permanecer y creer son aspectos esenciales de la salvación genuina.

  La Nueva Vida En Cristo

 Esto,  pues,  digo y requiero en el Señor: que ya no andéis como los otros gentiles,  que andan en la vanidad de su mente, 18 teniendo el entendimiento entenebrecido,  ajenos de la vida de Dios por la ignorancia que en ellos hay,  por la dureza de su corazón; 19 los cuales,  después que perdieron toda sensibilidad,  se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impureza. 20 Más vosotros no habéis aprendido así a Cristo, 21 si en verdad le habéis oído,  y habéis sido por él enseñados,  conforme a la verdad que está en Jesús. 22 En cuanto a la pasada manera de vivir,  despojaos del viejo hombre,  que está viciado conforme a los deseos engañosos, 23 y renovaos en el espíritu de vuestra mente, 24 y vestíos del nuevo hombre,  creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad. 25 Por lo cual,  desechando la mentira,  hablad verdad cada uno con su prójimo;  porque somos miembros los unos de los otros. 26 Airaos,  pero no pequéis;  no se ponga el sol sobre vuestro enojo, 27 ni deis lugar al diablo. 28 El que hurtaba,  no hurte más,  sino trabaje,  haciendo con sus manos lo que es bueno,  para que tenga qué compartir con el que padece necesidad. 29 Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca,  sino la que sea buena para la necesaria edificación,  a fin de dar gracia a los oyentes. 30 Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios,  con el cual fuisteis sellados para el día de la redención. 31 Quítense de vosotros toda amargura,  enojo,  ira,  gritería y maledicencia,  y toda malicia. 32 Antes sed benignos unos con otros,  misericordiosos,  perdonándoos unos a otros,  como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo”. Efesios 4:17-32

 Ya no andéis. La acción de andar simboliza la conducta diaria y se refiere a lo que Pablo ha dicho acerca del llamamiento supremo del creyente en Cristo Jesús. Debido a que los cristianos somos parte del Cuerpo de Cristo, hemos recibido del Espíritu Santo. Por esa misma razón, hay que dejar de vivir como si todavía fuéramos impíos (1 Juan 2:6).

 Ajenos de la vida de Dios. Los incrédulos mantiene en su alejamiento espiritual de Dios y en consecuencia ignoran por completo su verdad (1 Corintios 2:14). El resultado es su ceguera espiritual y moral voluntaria (Romanos. 1:21-24; 2 Tesalonicenses.3:7). Son ciegos y su corazón tiene la misma "dureza" de una piedra.

 Perdieron toda sensibilidad. Los incrédulos tienen  insensibilidad moral. A medida que continúan su vida de pecado y alejados de Dios, se vuelven cada vez más apáticos con respecto a las realidades morales y espirituales (Romanos. 1:32 quienes habiendo entendido el juicio de Dios,  que los que practican tales cosas son dignos de muerte,  no sólo las hacen,  sino que también se complacen con los que las practican”).

 Despojaos. Se refiere a quitar algo por completo, como un mendigo que decide deshacerse de sus harapos y de toda su vestimenta sucia. Esto describe el arrepentimiento del pecado y la sumisión a Dios en el momento de la salvación.

 Renovaos en el espíritu de vuestra mente. La salvación incluye la mente que es el centro del pensamiento, el entendimiento y la capacidad para creer, así como de los motivos y las acciones (Col. 3:1, 2, 10 “Si,  pues,  habéis resucitado con Cristo,  buscad las cosas de arriba,  donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. 2 Poned la mira en las cosas de arriba,  no en las de la tierra. .... 9 habiéndoos despojado del viejo hombre con sus hechos, 10 y revestido del nuevo,  el cual conforme a la imagen del que lo creó se va renovando hasta el conocimiento pleno). Cuando una persona se convierte en cristiana, Dios le da una capacidad espiritual y moral nueva que una mente separada de Cristo
nunca podría adquirir (1 Corintios 2:9-16).

 Vestíos del nuevo hombre. La renovación de la mente en la salvación no solo trae como resultado la renovación del carácter, sino la transformación total de la persona que la hace pasar de lo viejo a lo nuevo en su propia identidad (2 Corintios 5:17

 No contristéis al Espíritu Santo de Dios. Dios se entristece cada vez que sus hijos rehúsan cambiar los hábitos viejos del pecado por los hábitos justos de la vida nueva. Debería notarse que esas respuestas por parte del Espíritu Santo indican que Él es una persona. Su personalidad también es indicada por los pronombres personales (Jn. 14:17; 16:13 Pero cuando venga el Espíritu de verdad,  él os guiará a toda la verdad;  porque no hablará por su propia cuenta,  sino que hablará todo lo que oyere,  y os hará saber las cosas que habrán de venir”), su cuidado personal de los creyentes (Jn. 14:16, 26; 15:26 Pero cuando venga el Consolador,  a quien yo os enviaré del Padre,  el Espíritu de verdad,  el cual procede del Padre,  él dará testimonio acerca de mí”), su intelecto (1 Corintios 2:11 Porque  ¿quién de los hombres sabe las cosas del hombre,  sino el espíritu del hombre que está en él?  Así tampoco nadie conoció las cosas de Dios,  sino el Espíritu de Dios”), sus sentimientos (Romanos 8:27), su voluntad (1 Corintios.12:11), el hecho de que habla (Hechos 13:2), convence (Juan 16:8-11), intercede (Romanos 8:26), guía (Juan. 16:13),
glorifica a Cristo (Juan. 16:14) y sirve a Dios (Hechos 16:6, 7).

 31 Quítense de vosotros toda amargura,  enojo,  ira,  gritería y maledicencia,  y toda malicia. 32 Antes sed benignos unos con otros,  misericordiosos,  perdonándoos unos a otros,  como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo”. Estos versículos resumen los cambios en la vida de yo creyente que se mencionaron en los vv. 17-30. "Amargura" refleja resentimiento reprimido que puede estallar en cualquier momento "Enojo" tiene que ver con rabia en la efervescencia del momento. "Ira" es una hostilidad más interna y profunda. “Gritería” es el bullicio de una contienda fuera de control. "Maledicencia" es calumnia "Malicia" es el término griego genérico para el mal que es la raíz todos los vicios.

 

   Formación Espiritual Nº 3

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