Del Pastor Nº 11 año 1

 Cuando Satanás Nos Obstruye

 Hermanos y hermanas: La Gracia de Dios sea con ustedes. En esta oportunidad deseo que meditemos en Josué 7:19,20 y Lucas 11:53,54 y que la Palabra de Dios hable a nuestras vidas.

 

“Entonces Josué dijo á Achân: Hijo mío, da gloria ahora á Jehová el Dios de Israel, y dale alabanza, y declárame ahora lo que has hecho; no me lo encubras. Y Achân respondió á Josué, diciendo: Verdaderamente yo he pecado contra Jehová el Dios de Israel, y he hecho así y así”.

“Diciéndoles él estas cosas,  los escribas y los fariseos comenzaron a estrecharle en gran manera,  y a provocarle a que hablase de muchas cosas; 54 acechándole,  y procurando cazar alguna palabra de su boca para acusarle”.

 

  El pecado de Acán empezó por el ojo. Vio todas esas cosas hermosas, como Eva vio el fruto prohibido. Si Acán hubiera mirado esas cosas con el ojo de la fe, las hubiera visto como anatema y las hubiera desechado con temor; pero al mirarlas con el ojo de los sentidos únicamente, las vio como cosas valiosas y las codició. Cuando hubo cometido el pecado, trató de ocultarlo. Tan pronto como obtuvo su botín, este se convirtió en carga, y no se atrevió a usar su tesoro mal habido. Véase aquí lo engañoso del pecado: lo que es agradable al cometerlo, es amargo en su consecuencia. El pecado es cosa muy trastornadora  no sólo para el pecador mismo sino para todos los que lo rodean.

  Todos debemos mirar en nuestros corazones, para que sean purificados y creados de nuevo; mientras atendemos a las grandes cosas de la ley y del evangelio, no debemos descuidar las cosas pequeñas señaladas por Dios. Cuando Satanás acecha para cazarnos en algo que decimos o hacemos; debemos orar: “oh Señor, danos tu sabiduría, prudencia y paciencia, y desbarata los malos propósitos. Provéenos de tal fortaleza que podamos gloriarnos en las circunstancias, por amor a Cristo, y que su Espíritu Santo repose sobre nosotros”.

  Cuando Satanás nos obstruye, esta invadiendo nuestro espacio. Y a eso, algunos llaman acertadamente guerra espiritual. Una guerra es la invasión de un país por otro. El que se cree más fuerte, obstruye, atranca, tupe, intercepta, ahoga, traba al otro hasta que se rinde.

  Cuando repentinamente todo sale mal, cuando las cosas se ponen difíciles, cuando una tras otra nos suceden circunstancias que nos quieren robar la paz, la fe, la esperanza y todas las buenas dádivas que Dios nos ha dado, sentimos como el “invasor” aprovecha ese momento de flaqueza, de dudas, de tormentos, para obstruirnos y si fuera posible, acabar con nosotros.  Pero mayor es Jesucristo que esta en nosotros y El nos prometió que estaría con nosotros todos los días, hasta el fin del mundo. ”Y está, ¡Aleluya!”.

  “Porque si tú llegas a afligirles,  y ellos clamaren a mí,  ciertamente oiré yo su clamor” Éxodo 22:23

  Amados, todas las aflicciones tienen un propósito de Dios, nada de los que nos ocurre es por el azar, para nosotros los hijos de Dios todo tiene un propósito, y es para nuestra madurez espiritual, para ejercitar más y más nuestra fe y depositar todo, absolutamente toda nuestra fe en el Señor.

  Que difíciles y tormentosos días cuando Satanás nos tupe, nos obstruye, pero al mismo tiempo que maravilloso cuando Dios nos manifiesta todo su poder y control sobre todas las cosas. Alabado sea nuestro Dios y Señor Jesucristo.  De vez en vez, cuando el estrés gana terreno, cuando los malos pensamientos nos invaden, cuando nos falta misericordia para ver a las personas sin Cristo como lo que son, almas perdidas que no tienen conocimiento de Dios, cuando comenzamos a enfocarnos en lo que no debemos, es decir, perdemos el enfoque, es cuando Satanás gana terreno. Entonces, si nos arrepentimos de todo corazón de habernos creído mas sabios que Dios, o mas buenos o mejores que los inconversos, o  justos o mas lo que sea, entonces DIOS SE MANIFIESTA y el propósito de las tribulaciones se cumple: que reconozcamos que somos polvo, y sin Dios y su misericordia y protección, NO SOMOS NADA. Recordemos de Job:

  “Deseo yo que Job sea probado ampliamente, A causa de sus respuestas semejantes a las de los hombres inicuos. 37 Porque a su pecado añadió rebeldía; Bate palmas contra nosotros,  Y contra Dios multiplica sus palabras” Job 34:36 -37

  El Señor sabe perfectamente como nos sentimos. El se sintió tal y como tú y yo nos podemos sentir ahora, fatigados sin consuelo, con temor e incertidumbres, pero El clamó desde el madero a Su padre celestial, y declaró:

  “DIOS mío, Dios mío, ¿por qué me has dejado? ¿Por qué estás lejos de mi salud, y de las palabras de mi clamor? Dios mío, clamo de día, y no oyes; Y de noche, y no hay para mí silencio. Tú empero eres santo, Tú que habitas entre las alabanzas de Israel”.             Salmo 22:1-3

  El Señor Jesús consideró este clamor como una descripción de sí mismo (Mat. 27:46; Mar. 15:34) y así debemos considerarlo nosotros. El es nuestro ejemplo en que, en la aflicción más profunda, mantuvo la fe y el Señor sigue siendo el Dios mío. Pero la experiencia en sí fue singular de él. Dice bien el salmista (37:25) que nunca había visto justo desamparado, pero que éste totalmente justo sí había sido desamparado, convirtiéndose en una maldición para nuestro bien (Gál. 3:13). Lit. “Tú eres santo, entronizado en las alabanzas de Israel.” El pensamiento está comprimido: en sí mismo es Santo (¿entonces cómo es que no acude a socorrer al suyo que sufre?); su dignidad entronizada es reconocida al alabarle su pueblo por las proezas que ha realizado. Alabaré yo á Jehová conforme á su justicia, Y cantaré al nombre de Jehová el Altísimo.  Salmo 7:17

  Hermanos, alabemos a Dios en las buenas y en las malas, aunque no comprendamos porque estamos pasando ciertas cosas en nuestras vidas, Clamemos a El, y el nos responderá y nos mostrará cosas grandes y ocultas que no conocemos. Y luego una por una nos devolverá todas las cosas que la oruga, el saltón y el revoltón se comieron.  Acuérdate de las palabras de Jesús: cuando Satanás nos obstruya, ALABEMOS A DIOS. No dejemos que pase un día más y que Satanás siga apretándonos. Levantémonos, Sacudámonos y resistamos, y el Diablo de nosotros huirá. 

  “Sustenta mis pasos en tus caminos, Para que mis pies no resbalen. 6 Yo te he invocado,  por cuanto tú me oirás,  oh Dios;  Inclina a mí tu oído,  escucha mi palabra. 7  Muestra tus maravillosas misericordias,  tú que salvas a los que se refugian a tu diestra,  De los que se levantan contra ellos. 8 Guárdame como a la niña de tus ojos; Escóndeme bajo la sombra de tus alas, 9 De la vista de los malos que me oprimen, De mis enemigos que buscan mi vida”. Salmo 17:5-9

 

   Ricardo Ulloa Vargas

              Pastor

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Shepherd_ricardo@hotmail.com

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