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Del Pastor Nº 10 año 1 Cosas pequeñas Hermanos y hermanas: La Gracia de Dios sea con ustedes. En esta oportunidad deseo que meditemos en 2 Corintios 12:9 y que la Palabra de Dios hable a nuestras vidas.
“Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo” Cuando nosotros los hijos de Dios estamos sin fuerzas y miramos a Dios, él provee poder por su gracia. Aquí el versículo revela la disponibilidad constante de la gracia divina. Debemos recordar que Dios no quitó el aguijón a Pablo, pero nunca dejaría de suministrarle su gracia para que pudiera soportarlo; igual hoy, Dios puede que no te quite aquel aguijón que te molesta y causa algún daño, pero no debes dudar que siempre te ha de dar su gracia para que puedas soportarlo y hacer de el algo llevadero. Cuanto mas débil sea el instrumento humano, con mas claridad resplandece en al prueba la gracia de Dios. Recuerda: “¿Moisés, qué tienes en la mano?” “Solo una vara.” Una vara de pastor. Una herramienta muy simple. Una herramienta desechable. Dios, el Dios todopoderoso, el Dios que había hecho los cielos y la tierra, estaba pidiendo a Moisés que le diera una simple vara de pastor. ¡Y ya hemos visto lo que hizo con esa vara! “¿Qué tenemos para darles de comer?” preguntó Jesús a sus discípulos. “Sólo un almuerzo simple de un niño”, fue la respuesta. Y con ese almuerzo simple, una multitud de gente se le dio de comer, y se satisfizo. ¿Y si el niño hubiera guardado para sí su comida, sabiendo que no era suficiente? ¿Qué hubiera pasado? “¿Quién va a enfrentarse al enemigo, los filisteos?” “Tenemos aquí un jovencito” con una honda y cinco piedrecitas. ¿Se rió la gente? El enemigo sí lo hizo. Pero no por mucho tiempo. “Vengo en el nombre del Señor”, gritó David. ¿Fué eso suficiente? Un jovencito. Su honda. Sus piedrecitas pequeñas. ¿Y si no hubiera estado dispuesto a usarlos para el Señor? ¿Qué hubiera hecho el enemigo con el pueblo de Dios? ¿Qué tienes tú para ofrecer? ¿Grandes cosas? ¿Tienes talentos grandiosos? ¿Habilidades grandes? ¿Cosas buenísimas? Si es así, estás parado solo. Si es así, Dios tal vez no te va a necesitar. Tal vez no te podrá usar, por lo menos hasta que te des cuenta que aún tus habilidades más grandes son pequeñas, son nada en comparación a todo lo que Dios es. Dios no quiere mis talentos grandiosos, ni pide lo bueno que ofrezco, ni mis habilidades. Lo único que tengo de bueno es igual a trapos sucios. Mis talentos y habilidades son débiles y pobres. Zacarías 4:6 y 2 Corintios 12:9. El secreto no es quién soy, ni qué soy. El secreto es mi dedicación a él con o sin aguijón. El secreto es darle a él todo lo que soy, para su uso, para su propósito. Eso es el secreto. No es si tengo diez talentos, o cinco, o solo uno, pero si estoy dispuesto a poner ese talento en las manos de Dios, dejarle a él usar esa cosa “pequeña” que tengo, como él desea. Solo me quiere a mí, como él me ha creado. Él decide quién soy, él decide qué soy, él decide cuáles talentos, habilidades y aptitudes tengo. YO decido si estoy dispuesto a devolver voluntariamente a él lo que soy, cómo soy. Es muy simple. Dios me hizo. Me ama. Me ha provisto la redención. Él quiere mi amor y mi devoción. Él bien sabe lo que se puede lograr con lo poco que tengo que ofrecerle, él necesita dejarnos algún aguijón como lo hizo con Pablo para recordarnos siempre nuestra condición humana y limitada, pero Dios aún así ha utilizarnos. Todo depende de si estoy dispuesto a darle carta blanca. Si estoy dispuesto a decir, “Aquí está en tus manos lo POQUITO que tengo. Rómpelo, quita el dolor, sácalo de mi vida, úsalo conforme a tú voluntad.” Solo entonces podré ser útil al Maestro. Solo entonces podré encontrar satisfacción y contentamiento en la vida. Solo entonces tendré libertad, la libertad para servir. ¡Gloria a Dios!
Ricardo Ulloa Vargas Pastor
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