Del Pastor Nº 4 año 1

 

Una decisión bajo la presión del "qué dirán"

 

  Amados en el Señor, reciban una vez más mis saludos en el amor de Dios. En esta oportunidad deseo que meditemos en Marcos 15:15 y que la Palabra de Dios nuevamente hable a nuestras vidas.

 

“Y Pilato, queriendo satisfacer al pueblo, les soltó a Barrabás, y entregó a Jesús, después de azotarle, para que fuese crucificado" Marcos 15:15.

Pilato fue un gobernante que posicionó su nombre entre el pueblo judío. Representaba a Roma pero, en procura de mantener contentos a todos, trataba de conciliar las decisiones trascendentales con ellos. Tal como ocurrió cuando ante la decisión de liberar a Barrabás o a Jesús, sabiendo que él era inocente, optó por una decisión arbitraria. Es evidente que le preocupaba el "qué dirán". Las decisiones de Pilato eran respetadas en el territorio de su jurisdicción. No obstante, este mandatario, enfrentaba enormes problemas con el desequilibrio de las medidas que adoptaba. La Biblia nos dice que gobernaba Judea en tiempos de Jesús. Una zona muy amplia, sin duda: "En el año decimoquinto del imperio de Tiberio César, siendo gobernador de Judea Poncio Pilato, y Herodes tetrarca de Galilea, y su hermano Felipe tetrarca de Iturea y de la provincia de Traconite, y Lisanias tetrarca de Abilinia" Lucas 3:1.

  Pilato mandó  azotarle. Esta palabra describe un castigo más severo que los golpes. Se azotaba al prisionero con un látigo confeccionado con numerosas tiras de cuero adheridas a un mango. Cada una de las tiras tenía en las puntas piezas afiladas de hueso y metal, las cuales podían romper la piel de una persona. Pilato puede haber esperado que los judíos cedieran a las demandas de crucificar a Jesús después de esta brutal flagelación, pero él no estaba en posición de irritar a los judíos. Jesús de debilitó grandemente por estos azotes.

 Pilato se vio confrontado con la decisión injusta que tomó. En la actuación de Pilato aquél día que se produjo en el juzgamiento del Señor Jesús, salta a la vista por lo menos dos motivaciones. La primera, falta de equilibrio para saber cómo juzgar, y la segunda, inseguridad porque aunque conocía lo injusto de aquella acusación contra el Maestro, no fue capaz de decidir en justicia sino bajo el miedo.

 Pilato se vio confrontado con la decisión de disponer la muerte de Cristo. En Pilato convergen dos inclinaciones: la primera, a eludir sus responsabilidades, y la segunda, a obrar bajo la motivación de ser aprobado por los demás, así esté actuando en contra de su voluntad. Una característica que salta a la vista en el obrar de Pilato, es que eludía responsabilidades: "Viendo Pilato que nada adelantaba, sino que se hacía más alboroto, tomó agua y se lavó las manos delante del pueblo, diciendo: Inocente soy yo de la sangre de este justo; allá vosotros " Mateo 27:24

 

  Pilato declaraba a Jesús inocente. El lavado de manos es registrado sólo por Mateo. El gobernador inútilmente procuró librarse de la culpa de condenar a un hombre inocente a morir  Salmo 73:13 “Verdaderamente en vano he limpiado mi corazón, Y lavado mis manos en inocencia”.

Tal vez conoce a personas así. Saben que tomar una decisión trae consecuencias. Por eso prefieren que sean otros quienes elijan. Como aquél hermanos que siempre decía: “Hermano, ore por mí". Él mismo podía ser quien orara. Pero sabía que hacerlo implicaba comprometerse con Dios. Hay quienes, como Pilato, jamás toman sus propias decisiones sino que permiten que los demás decidan por ellos. Obran motivos por la presión. En lo más profundo de su ser anida el deseo de recibir aceptación por parte de quienes les rodean. Quienes obran así, jamás alcanzan ni la felicidad ni la realización personal. Son esclavos de las determinaciones de terceras personas.

Es probable que ocurra lo mismo con nosotros, pero en otro plano. Sabe que la Salvación está en Cristo Jesús. Sin embargo no lo recibe en su corazón, o siendo ya un hijo de Dios no hace una entrega total de su tiempo al servicio en el Señor; conociendo que es lo que realmente necesita, por temor a la opinión de quienes están cerca. O tiene miedo de asumir nuevas responsabilidades delante del Señor y de la Iglesia.

Decídase. Hoy es el día. Emprenda el camino apropiado. Recuerde que tal vez mañana no haya una nueva oportunidad, no porque Dios no quiera sino porque usted la despreció.

 

  Ricardo Ulloa Vargas

              Pastor

   pastor@bautistalibre.com

 

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