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Del Pastor Nº 5 año 1
Una decisión desacertada: Traicionar a Jesús
Amados amigos y hermanos en el Señor, la Gracia de Dios sea con ustedes. Reciban una vez más mis saludos en el amor de Dios. En esta oportunidad deseo que meditemos en Mateo 26:23,25 y que la Palabra de Dios hable a nuestras vidas.
"Entonces él respondiendo, dijo: El que mete la mano conmigo en el plato, ése me va a entregar. 25 Entonces respondiendo Judas, el que le entregaba, dijo: ¿Soy yo, Maestro? Le dijo: Tú lo has dicho" (Mateo 26:23, 25)
La historia ocurrió en China. Hace muchos años. Era la época de la intensa persecución religiosa. Un hombre comenzó a trabajar en los arrozales junto a quienes, posteriormente descubrió, eran cristianos. Queriendo congraciarse con las autoridades, los delató. Los presuntos infractores a la ley por el hecho de ser fieles a Cristo, fueron encarcelados. No obstante, algunos años después, salieron libres. El delator, en cambio, murió y no se necesita mucha información para saber que al negar las enseñanzas de Jesús, pasará la eternidad en celdas de oscuridad y dolor. ¿Acaso usted se niega a recibir en su vida la Salvación que viene del sacrificio redentor de Jesucristo? La vida de Judas, uno de los discípulos de Jesús, quedó registrada con letras bien grandes en la historia de la humanidad. Vivió momentos únicos y especiales al lado del Señor Jesús pero fue quien lo entregó. Jesús tocó a la puerta de su corazón, le ofreció la oportunidad de ser salvo, pero él no la aceptó. Pudo haber sido un vencedor, pero terminó sus días como un fracasado. Su nombre será por siempre, sinónimo de traición y de vergüenza. Judas nunca tuvo convicción en la fe que profesaba. Al igual que ocurre con muchas personas hoy, profesan una fe que no viven ni sienten en lo más profundo de su corazón. Cumplió la misión que el Señor Jesús le encomendó de predicar junto con los demás discípulos. Recorrió muchos caminos. Pese a ello, su corazón no estaba con el Señor y el santo evangelio sino con el mundo. Reflejaba en sus acciones la profunda amargura y maldad que habían dentro de su ser. Él enseñó algo: que resulta fácil para muchos llamarse creyentes pero hacer todo lo contrario a lo que enseñan las Buenas Nuevas de Salvación. Es cómodo ir a la iglesia con una Biblia bajo el brazo pero hacer algo diametralmente opuesto a lo que enseñan las Escrituras. No obstante, a los hombres los podremos engañar pero nunca a Dios, quien dijo a Judas: "Tú lo has dicho". Nada queda oculto delante de Aquél que todo lo ve, incluso lo más recóndito de nuestro corazón. Judas negó al Salvador. Pudo ser salvo por la eternidad, pero no lo fue, porque negó al Señor Jesús. Judas dejó ir la oportunidad como quien derrama por descuido un vaso de leche y mientras la mancha blanca se extiende sobre el piso, se limita a levantar los hombros para indicar que le tiene sin cuidado. Aunque estaba con el Maestro, había endurecido su corazón. Jamás tomó en serio las enseñanzas que les prodigaba cada día, en las plazas públicas y por los caminos. Tomó la decisión de volver la espalda a la Salvación y traicionar al Hijo de Dios. Judas estuvo con el Maestro en todo momento, vio los milagros de Jesús, vio la sanidad de muchos, vio la resurrección de otros, fue parte de los doce, pero Judas cerró los ojos ante las evidencias de poder y deidad de Cristo, y salió a la noche más oscura de la humanidad y traicionó a Cristo.. Fue a tal grado insensible, que personalmente guió a los hombres que iban tras Jesús. Ocurrió mientras el Maestro estaba con sus discípulos. "Luego, hablando él aún, vino Judas, que era uno de los doce, y con él mucha gente con espadas y palos, de parte de los principales sacerdotes y de los escribas y de los ancianos. Y el que le entregaba les había dado esta señal, diciendo: Al que yo besare, ése es; prendedle, y llevadle con seguridad" (Marcos 14:43, 44). Hasta último instante manifestó su crueldad. Por unas monedas vendió a Aquél que podía salvarle por la eternidad. Y sin duda, allí en la oscuridad permanecerá perpetuamente porque habiendo podido ser salvado, se negó tal oportunidad. Cuando tomó conciencia del enorme error que había cometido, ya era tarde. "Entonces Judas, el que le había entregado, viendo que era condenado, devolvió arrepentido las treinta piezas de plata a los principales sacerdotes y a los ancianos" (Mateo 27:3). Amados en el Señor: Hay decisiones que obligan a un cuidadoso análisis. ¡Cuidado! Porque podemos traicionar a Jesús de muchas formas. En nuestra vida, quizá, no hemos evaluado la importancia de ser fiel a Dios y de rendirnos a sus pies. Ser fiel a Dios es creer en Dios y más aún CREER A DIOS; es decir creer en sus promesas, promesas que hemos visto que se cumplen en nuestras vidas, entonces ¿Por qué hemos de seguir viviendo como huérfanos, si tenemos a nuestro Padre Celestial con nosotros? ¿Por qué hemos de seguir viviendo como si Dios nos hubiera abandonado?, cuando somos nosotros los que por el mas mínimo problema nos alejamos de Dios en vez de acercarnos más a nuestro Padre. Amados, recuerde que somos llamados hijos de Dios, vivamos entonces como hijos de Dios.
Ricardo Ulloa Vargas Pastor
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