|
CRÉELE A DIOS
¿Te has
puesto a pensar en dónde y cómo estarías si no le hubieras creído a Dios?
Creo que la mayoría, sino todos, coincidimos con el pensamiento, hecho
canción, que dice: “Qué sería
de mí si no me hubieras alcanzado, dónde estaría hoy si no me hubieses
perdonado, sería como...” y
aquí es donde cada uno de nosotros imagina cómo hubiera sido nuestra
realidad.
Sin embargo, gracias a Dios, creímos, confiamos en aquel que nos dio la
vida eterna. De igual manera,
no sólo necesitamos creerle a Dios (y confiar en él) para nuestra
redención eterna, sino en cada
vivencia de nuestro andar en fe.
Mucha gente hoy en día, tiene el concepto de que Dios es tan santo, tan
aborrecedor del pecado, que
no puede tener gracia y misericordia; o viceversa, que siendo un Dios de
amor, que es lleno de gracia y
bondad no se enojará tanto y que pasará por alto el pecado. Nuestra mente
no puede racionalizar el
hecho de que Dios es santo, celoso, aborrecedor del pecado, y que es lleno
de gracia y misericordia,
que es amor.
El no poder racionalizar esta verdad no nos permite muchas veces creerle a
Dios a cabalidad. Pero así
como debemos creerle a Dios cuando nos dice que él no puede ser burlado y
que todo lo que
sembremos vamos a cosechar (Gálatas 6:7-8), de igual manera necesitamos
creerle cuando nos dice que
si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros
pecados y limpiarnos de toda
maldad (1 Juan 1:9) y que así como está lejos el oriente del occidente así
alejó nuestras transgresiones.
(Salmo 103:12)
Quizás no podamos entenderle, pero sí podemos creerle. Todos necesitamos
creerle a Dios. No
importa en que punto de tu caminar te encuentres, en qué medida hacia la
estatura de Cristo estés,
todos necesitamos creerle a Dios.
Cuando él te diga:
Ven a mí, yo te haré descansar....
¡Créele!
Aborrezco la lengua mentirosa..... ¡Créele!
No temas, yo estoy contigo, siempre te ayudaré.....¡Créele!
¡Vengo pronto!.........¡Créele!
Creámosle, él es y dice la verdad.
Index/Inicio |