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Abriendo Las Puertas De La Iglesia Fiel
“Abrid las puertas, y entrará la gente justa, guardadora de verdades” Hace ya seis años hemos abierto las puertas de este siglo XXI, el tercer milenio, hermanos y amigos; se conmueven nuestros corazones y nuestro espíritu se agita con la fuerza incontenible de la emoción producida por la adoración y alabanza de nuestras almas al Dios de la gloria, que en su gracia nos ha permitido llegar a estas instancias de abrir este lugar para luego dedicarlo al servicio del Señor. En este día glorioso, en que tenemos la bendición de dedicar un nuevo lugar, casa a nuestro Dios, dejemos sentir aquella llama que un día bajó del alto cielo en “Lenguas como fuego” para posarse sobre la Iglesia que, en actitud de profunda oración y expectante se encontraba reunida en el Aposento, Lenguas como de fuego que, gracias a Dios, aun permanecen entrañadas en el alma de ese glorioso cuerpo místico de Cristo sobre la faz de toda la tierra y que desde aquel portento del Pentecostés, ese Espíritu permanece en la Iglesia, habilitándola como baluarte de la Verdad. “Has dado a los que te temen bandera que alcen por causa de la verdad” (Salmo 60:4). Estamos seguros que el Señor apela intensa y muy íntimamente a nuestro corazón, para que en cada uno de nosotros se suscite el ferviente deseo de experimentar estos dos hechos; Ser Consumidos y Ser Vivificados. Ser Consumidos Hebreos 12: 29 dice: “Porque nuestro Dios es fuego consumidor” Nuestro Dios que es fuego consumidor, puede, naturalmente, fundir con su poder cuantas raíces de pecado se encuentren arraigadas en los escondrijos de la vergüenza del corazón; tantos elementos terrenos, animales, y porque no, diabólicos, propios de la condición humana, que es solo barro, sea del nivel que fuere, inmundicias de la carne manifestadas en vilezas, o inmundicias del espíritu evidenciadas en vanidad, orgullo y soberbia de la vida. Elementos no divinos y por lo mismo contrarios a la naturaleza del Espíritu Santo, de la cual por gracia de Dios nos hemos hechos participantes. Pero si aun se encuentra en nosotros alguna intención de resistencia a la voluntad del Señor, e incluso lealtades a costumbres, tradiciones de toda índole, todo esto y mucho mas es necesario traer como hojarascas o hierba seca y arrojarlos definitivamente a la acción devoradora y consumidora de la llama del Espíritu de Dios; eso hermanos y amigos es ser Consumidos. Ser vivificados Juan 6:63 dice: “El espíritu es el que da vida; la carne para nada aprovecha; las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida” 2a A Los Corintios 3: 6 dice: “el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica” "EI Espíritu es el que da vida, la carne para nada aprovecha", dice nuestro Señor Jesucristo; y el apóstol Pablo agrega: "El Espíritu Vivifica", y en la misma proporción en que seamos consumidos, seremos vivificados por el Espíritu de vida. En la vida del Espíritu Santo manifestada en nosotros, se encuentra el secreto del poder que nos es necesario para cumplir la obra que el mismo Espíritu quiere realizar en este mundo en y por medio de nosotros. Vivificados por el Espíritu, seremos utilizados como instrumentos para manifestar plenamente la voluntad y los propósitos de Dios; así seremos realmente "gente justa, guardadora de verdades". Nunca debemos olvidar hermanos que no somos justos por nosotros mismos, pues está escrito "no hay justo ni aun uno", sino que somos “... justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados” Romanos 3:24 y 25, tampoco debemos olvidar nunca, que por nuestras propias fuerzas, no podemos ser guardadores de verdades, pues el Señor ya nos ha dicho en Juan 15: 5, “...... porque separados de mí nada podéis hacer”, y que cuanto nos es posible hacer, lo es solo por lo que el Apóstol Pablo testifica en Filipenses 5:13: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. Por todo ello hermanos y amigos, dejemos que nuestro espíritu, alma y cuerpo, sean embargados por el sentido pleno de la amorosa solicitud del Espíritu Santo, requiriéndonos plena sumisión y así sometidos a la acción del Espíritu de Dios, ser 'Consumidos" y "Vivificados", de esta manera estaremos listos para cumplir la orden del Señor que nos dice: “Ve por los caminos y por los vallados, y fuérzalos á entrar, para que se llene mi casa” (Lucas 14:23). Hermanos, debemos buscar a aquellos que no quieren venir, a los que están por los caminos y por las calles, y si Dios va conmigo, es mi deber cumplir ahora con esta orden: “Fuérzalos a entrar.” Primero, debo buscarlos y encontrarlos. Después, me debo de ponerme a trabajar para forzarlos a entrar. Vamos a forzarlos a entrar, no por fuerza violenta, sino por persuasión insistente, iremos con la invitación del Señor “Vivo yo, dice Jehová el Señor, que no quiero la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino, y que viva”. “Venid luego, dice Jehová, y estemos á cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos: si fueren rojos como el carmesí, vendrán á ser como blanca lana”. No hay duda que el ser Consumidos y Vivificados en conformidad con las verdades de la Palabra de Verdad, eso será del total agrado del Señor y a la vez, seguro motivo de ricas bendiciones espirituales en nuestras vidas y en nuestras iglesias, y podremos ir por los caminos y los vallados predicando la Palabra de verdad y forzarlos a entrar, pero............ ¿Con qué frecuencia, en qué lugar, con qué vehemencia lo aremos? Hechos 5:42 nos da la respuesta. “Y todos los días, en el templo y por las casas, no cesaban de enseñar y predicar á Jesucristo”. Hermanos, presentémonos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, conforme a su Palabra nos requiere, y seremos "gente justa, guardadora de verdades". Reguemos al Señor, que nos haga sentir el ferviente impulso de sometemos solo a Él y a su Santo Espíritu, que nos socorra ahora mismo en cualquier eventual y temblorosa vacilación, duda o temor; y que podamos experimentar por Su Gracia, cual sea Su Buena Voluntad, Agradable y Perfecta. Solo así podrá resonar desde donde usted está, cual fuerte sonar de alerta de trompeta, la solemne palabra profética “Abrid las puertas, y entrará la gente justa, guardadora de verdades”
Amén, así sea. Ricardo Ulloa V. Pastor
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